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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Plegaria por Don Alfonso Machín, vecino de Uga

Por sus hijas, por su hijo Ramón, por sus nietos que tuvieron la suerte de tenerlo y agasajarlo, por todos los que le queríamos.


A MÁS VER, CABALLERO

Al fondo a mano izquierda. Donde los rosales altos de color blanco roto. En aquella puerta pintada de verde campo conejero. Junto a la ventana de visillos azulones. Allí. En aquel rincón con sombra fresca. En aquella esquina con el número cuatro.
Ese era el sitio de Don Alfonso. Su casa en los últimos tiempos. Su retiro sereno entre flores.
Don Alfonso. Ilustre en nombre. Caballeroso en porte. Fácil en verbo. Trato gentil. Amabilidad y gratitud a raudales.
Don Alfonso. El vecino galante. El hombre llano, correcto, culto. El repostero que, de cuando en cuando, nos regalaba sus deliciosos dulces: mimos, mantecados, bollos de anís.
El hombre de campo que cuidaba con esmero sus tomates, sus cebollas, sus parras. El octogenario con espíritu jovial. El narrador incansable de épocas menos violentas, más respetuosas. El cariñoso viejito que escucha…

CARTA PUBLICADA EN LA REVISTA "EL PAÍS SEMANAL"

Las cosas de Alonso

Ayer tuvimos tragedia turca en Uga City.
Día triste y aciago para mi vástago por el fugaz fallecimiento de su pescadito Nemo2. Un pequeño animalito acuático, diminuto, de unos dos centímetros de longitud y coloración ambarina, que llegó a casa tras varios días de insistencia de mi chiquillo para que Nemo1, su primer pez ganado en una feria e inicialmente bautizado CASADEMIKYKAUS, tuviese un compañero de correrías.
El insignificante pescadito amarillento quedó flotando sobre el agua verdiazul de la pecera a la semana de afiliarse a nuestra microfamilia, dando signos evidentes de expiración por lo que mi hijo quiso prepararle el debido funeral a modo de despedida. Un adiós entre lágrimas y plegarias al altísimo para que lo resucitara o, en su defecto, tuviera a bien enviarnos otro de igual apariencia.
Y ¿cómo quitarle al enano de la cabeza que el bicho no aterrizó del cielo y sí de la abarrotada, apestosa y laberíntica tienda de animalitos de compañía, en donde me agencié aquel escuál…