jueves, noviembre 19

Enfurecida - indignada - encolerizada - crispada


Y después de unos seis años de inauguración del mal llamado vertedero de LanzaroteZonzamas” (y digo mal llamado porque no entiendo cuál es el motivo o justificación para utilizar el nombre del penúltimo rey Maho de Lanzarote en vez de ponerle Felipe el Hermoso, que era bien recordado en las crónicas por su pestilente y putrefacta cavidad bucal ….. otra burla a la cultura y tradición isleña…); después de pagar durante casi un año hasta cuatro mil euros a los ingenieros que llegaron de tierras andaluzas para, según el cabildo insular, llevar a cabo un centro de reciclaje sin igual en el reino español; después de vendernos la moto de que hacer reaprovechamiento y reutilización de basuras era fundamental para el medioambiente y para la sostenibilidad del ecosistema de este cacho de tierra reconocido como reserva de la biosfera; después de ensuciar el entorno de uno de los yacimientos arqueológicos de mayor interés en Lanzarote, el ahora sí bien llamado, Zonzamas, viejo hábitat del mencionado rey aborigen en donde se han encontrado incluso piezas como el "Idolo Sedente" fenicio que representa a la diosa egipcia Teuris……; después de este insulto al pueblo conejero ......... ahora resulta que no funciona desde hace unos tres años.


Que la mierda sale por la puerta hacia la carretera que conecta Sanbartolo y Tahiche.

Que hacen hoyos del tamaño del cañón del colorado para meter dentro todo tipo de electrodomésticos y luego hincarle tierra encima a modo de esconder la mano del despropósito.
Que los animales se descomponen ante la vista de todo el que quiera fotografiarlos como pudridero insular.

Que de noche…. como actuarían los criminales…. meten fosnalla = fogalera a la susodicha mierda para desaparecer los rastros de años de acumulación y sin pensar, los muy babiecas, que por la fuerza y divina intervención de Eolo la peste baja hasta instalarse en los techos de Argana, Maneje, Altavista y hasta la Vega…..


Menuda tomadura de pelo y menudo asalto al bolsillo público. Así se cuenta la historia de un pueblo ….. tirando mierda sobre él.


Pepa González

martes, noviembre 10

CUENTO INFANTIL. TÍTULO: IBALLA, LA VALIENTE MARIPOSA


Hacía ya una semana que Iballa, la mariposa de largas alas doradas, estaba de visita en casa de su abuela la gran mariposa madre. Siete días de baños en el estanque, meriendas de dulces, tazas de chocolate caliente y bonitos paseos entre pinos. A Iballa le encantaba visitar la casa de la abuela porque siempre que lo hacía aprendía algo nuevo como: sumar con bolitas de algodón, restar utilizando las piedritas del río, cantar nuevas melodías, aprender las letras cocinando galletitas con las formas de las vocales y muchísimas otras cosas que su abuela sabía hacer y que a Iballa le gustaba aprender. Esa tarde preparó la maletita con su ropa bien ordenada y recogió los regalos que la abuela había tenido a bien entregarle durante la estancia. Guardó el lazo de color azul celeste, la pulsera de cuentas amarillas y rojas, la diadema de perlitas blancas y el delantal bordado con dibujos de casitas y flores. Le entristecía tener que irse pero su mamá le había pedido que regresara antes de fin de semana, pues en breve el colegio empezaría y tenía que estar lista para el inicio del curso.
A la mañana siguiente Iballa se despidió de su abuela dándole un fuerte abrazo y muchos besos, prometiéndole que volvería en Navidad.
Mientras se elevaba por el cielo en vuelo de regreso a casa pudo ver a su abuela secándose los ojos con un antiguo pañuelito de seda que dejaba escapar, entre lágrima y lágrima, bonitos círculos de brillantes colores al aire. Iballa sabía que ese pañuelito era especial... mágico... único. Aquel pedacito de tela podía arreglar todo lo que no estuviera bien. Así le explicó su abuela cuando a Iballa se le rompió la taza de chocolate y con un suave movimiento de manos, el pañuelito de seda volvió a pegar los pedazos de la taza quedando como nueva al instante.
Iballa no tardó en llegar a casa y desde el cielo pudo ver que algo no iba bien en el pueblo. El color de los árboles era triste y oscuro. Las nubes ennegrecidas cubrían gran parte de la colina en donde los animalitos parecían estar sumidos en una gran tristeza. Su mamá y su papá, al igual que el resto de sus vecinos y amigos, lloraban y se lamentaban sin consuelo. Iballa extrañada se acercó rápidamente a casa intentando buscar una explicación a toda aquella pena pero… no hubo respuestas. Nadie hablaba, sólo gimoteaban. Lloraban los conejitos blancos y el elegante cisne. Las abejas regordetas y el saltamontes cantarín. También la familia de gorriones y las ardillas juguetonas. La pequeña nutria y el gran oso suspiraban entre llantos y… el maestro búho, el zorro, el ciervo y las ranas se quejaban con gran congoja. Lo mismo le pasaba a la mofeta, al lobo, al hurón, al erizo, al mapache gris y a la hermosa libélula.
Incluso el águila real lloraba y lloraba subido a lo alto del viejo árbol, quien movía tristemente sus ramas en un intento de secarse los lagrimones que le caían por el arrugado tronco.
Iballa no podía entender tanta tristeza y movió sus alas doradas en un vuelo desesperado, intentado buscar el principio de todo aquel caos. Entonces pudo ver en la colina una nube negra como la noche sin luna y sobre ella, a la malvada bruja piruja del bosque que en ocasiones hacía alguna maldad para divertirse. Realmente era muy… muy mala. La bruja piruja había abierto su cajita de horrible magia y los llantos y la tristeza habían tocado a cada uno de los habitantes del bosque. A todos menos a Iballa, que estaba en casa de su abuela por vacaciones.
Iballa pensó que la única persona en el mundo que podía ayudar era la gran mariposa madre, su abuelita querida. Ella, con su pañuelo de seda mágico, podía solucionar todo aquel problema porque su pañuelito arreglaba cualquier cosa que no fuese bien. Voló y voló rápido moviendo sus alas fuertemente para llegar pronto a casa de su abuela quien, al verla, supo que algo no marchaba como debía. Iballa le contó sobre la tristeza en el pueblo y la terrible bruja piruja. La abuela tras escucharla con atención sacó de un cajón de su escritorio el pañuelo mágico, lo metió en una pequeña y suave bolsita de un intenso color verde y lo entregó a Iballa explicándole cómo tenía que hacer para que la maligna magia de la bruja piruja se fuera del pueblo:

Tan pronto llegues a lo alto de la colina – le dijo
– justo donde está la nube negra como la noche sin luna, debes sacar el pañuelo de la bolsita de intenso color verde. Entonces purpurina de diez colores flotará en el aire. Tienes que ayudar a la magia dejando que la brillante purpurina se pose sobre tus grandes alas doradas. Luego la magia hará el resto.

Iballa tomó entre sus manos la bolsita con el pañuelito mágico, sobrevoló los pinos hasta ver la puerta de su casa y siguió volando hasta lo más alto de la colina del pueblo. Allí, acercándose a la nube negra de la bruja piruja, abrió la bolsita de intenso color verde, sacó el pañuelito y la magia se subió a sus alas doradas. Iballa comenzó el vuelo y dando un fuerte aleteo la purpurina de diez colores se transformó en un precioso arco iris que fue tocando cada animalito, cada árbol y cada casa convirtiendo la tristeza en alegría y las lágrimas en risas.
Un rayito del arco iris, el de color violeta, fue directamente hacia la nube negra como la noche sin luna dando de lleno en la frente de la bruja piruja haciéndola caer de la nube. Cuando intentó levantarse para enfrentarse al arco iris de diez colores se dio cuenta que la luz violeta la perseguía en forma de flechas que le iban pinchando aquí y allá. La bruja piruja corrió y corrió huyendo de aquellas flechas de color violeta, abandonando la colina y el pueblo entre gritos de dolor y aplausos de los animalitos.
El mágico arco iris hizo que la maldad se fuera igual que había llegado, regresando la paz y la alegría a todo el pueblo.
Todos los animalitos cantaban y bailaban felices haciendo un corro alrededor de la valiente Iballa, la mariposa de grandes alas doradas, que había conseguido desterrar a la bruja piruja de la colina con el pañuelito de la abuela…… devolviendo la felicidad a todos.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Fin.

Pepa González

miércoles, noviembre 4

ARRORRÓ


Esta huella de las islas que es la canción del Arrorró.... este canto al bebé......este ritmo de acune.... nos identifica como lo hace el drago; como los volcanes; como las ventoleras y los pinares; como las chácaras y el timple; como el sancocho y el bienmesabe; como el mojo y el vino malvasía; como el silbo y las isas; como la pella de gofio y el puño de pejines; como lo que somos: canarios.
Por todos los de aquí y los de allá, para que se oiga esta bella forma de mecer a nuestros hijos cerca y lejos, donde terminan nuestras fronteras y comienzan otras tierras.






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