lunes, enero 25

Fifty Fifty (50-50)



Dicen que hay que hacer el bien sin mirar a quien acariciamos con nuestra benevolencia. Comentan los más próximos a actos de generosidad sin contraprestaciones, que ayudar al prójimo es una máxima de actuación que debería grabarse en la piel y las entendederas desde el jardín de infancia. Así no habría gente desgraciada o quizás sólo unos pocos se sentirían como tales porque, siempre existiría un alma buena que nos echaría un cable (que no una soga provocando la asfixia) para sujetarnos y socorrernos en momentos bajos.
Algunos citan preceptos bíblicos para convencernos de la existencia de las buenas acciones del “hombre bueno”, erradicando la nefasta idea de la continua presencia de maldad en todo ser humano. Otros en cambio abogan por la existencia del mal, en sus muchísimas manifestaciones, de forma inherente al ser humano con posibilidad de moldearse según la crianza. Yo, aunque no crean ustedes lo mismo, sigo pensando que el ser humano no es tan piadoso como me lo quieren pintar y que nacen unos malos y otros no tan malos. Ni todo el campo es orégano ni tampoco es oro todo lo que reluce.
Pero es sólo mi opinión y como tal es individual y subjetiva, pudiendo cada quien pensar lo que le venga en gana. Teorías hay para todos los gustos.
Owen, Locke y Rousseau, por mentar a algunos de los versados en materia, creyeron que el individuo era bueno por naturaleza. Luego la sociedad y las instituciones (entiéndase familia, colegios, religiones.. ) lo corrompían hasta volverlo "maléfico". El niño se supone inocente a todas luces. La corrupción, depravación e inmoralidad llegan a posteriori. Los mil y un señuelos tentadores que aparecen en nuestra vida son constantes escollos a superar y únicamente la libertad de elección, de uno u otro camino, siembra y marca nuestro paso por esta vida. El estado es necesario aunque no bueno; las leyes un mecanismo para resolver disputas. En la misma línea pero tiempo antes habló el filósofo Sócrates: el hombre tiende a buscar el bien. El hombre es bueno y virtuoso. Bla, bla y más bla sobre atributos de humanidad.
Algunos menos filosóficos y más inclinados a dogmatismos creen en la bondad “in essence”. Así el ser humano es bueno por su propia condición, como hijos de Dios, manufacturados a su imagen y semejanza. El hombre se iría estropeando después porque desde su concepción, desde su llegada al mundo que le dará cobijo, es bueno.. .buenísimo.
En la otra cara de la moneda aparece Hobbes (definido por muchos como el filósofo- pensador materialista) quien apuesta todos sus boletos por la maldad del hombre. Un ser dependiente de las pasiones inmerso en una guerra permanente de todos contra todos. Un estado en el que "el hombre es un lobo para el hombre". Decía Hobbes que lo que de verdad mueve al hombre es su miedo y su egoísmo. La vida es solitaria, pobre, brutal, breve y por tanto el hombre se ve obligado a utilizar la fuerza para garantizar su auto - conservación. Para alcanzar seguridad renuncia y se pone en manos de un poder que garantice el estado de paz: la sociedad.
Uff . Espeso pero bastante lógico: el hombre egoísta; el niño narcisista; la criatura ególatra que busca satisfacer sus necesidades y lo demás, luego.
También podríamos recordar a Freud. Este médico y neurólogo creador del psicoanálisis descubrió al ser humano instintivo el cual sólo podía civilizarse bajo el efecto opresor de la sociedad. En abandono de ésta, el hombre sería cruel, dispuesto a usar la fuerza y el poder en su beneficio y el de sus deseos. La sociedad represora sería un mal necesario para controlar a la bestia.
De nuevo la negación de la bondad unida desde el útero al individuo.
De una forma o de la otra hay, y siempre habrá, individuos buenos y malos. Gentes que harán el bien porque les nace, porque les enseñaron, porque lo llevan en el epitelio, porque lo prefieren, porque no les gusta sufrir ni hacer sufrir, porque desean reconocimientos públicos de sus actos de caridad, porque les encanta que les adulen con dulces palabras de elogios, porque se creen más cercanos a Dios, porque se recrean en su propia generosidad, porque disfrutan. Y también estarán los otros. Los malos porque les apetece, porque nacieron de esa calaña, porque se fueron bichando, porque su calvario vital les transformó, porque son enfermos mentales, porque les gusta sentirse poderosos atemorizando, porque se les fue la pelotita, porque lo respiraron de niños, porque lo sufrieron en sus carnes, porque adolecen de empatía, porque son simple y llanamente, ruines.
Y una que en ocasiones va de bobona y en otras de listilla, que a veces es ruin y por momentos cariñosa y afable, que ha herido y que también ha sufrido, quiso hacer el “bien” esta mañana al aparcar junto a la puerta del trabajo. Se adelantó a socorrer a un pobre diablo que caía desde un banco anexo a la entrada del edificio. Tendió su mano con dulce gesto y ánimo de auxiliar a quien con menos fortuna se desvanecía, en un claro estado etílico, sobre la acera de hormigón. Intentó con delicada frase acompañada de un talante más que misericordioso, desplegar esa caridad cristiana que mamó desde chica.
¡Oh Dios mío!. ¿Está usted herido? ¿Le puedo ayudar caballero? ¿Necesita algo? – dije
Y una voz cortada por los años, los litros de vino, los cigarrillos negros (seguramente marca Krüger), la debilidad, la peste, la suciedad y el abandono, respondió invitándome a pasear con favorables vientos a otros lugares menos próximos a él además de dedicarme calificativos de índole profesional:
¡Vete pal Carajo, Puta¡ - balbuceó el caído en desgracia.

¿Qué si me sentí bien por ayudar a otro ser humano? Mucho. Soy, casi siempre, una chica que hace lo correcto.

¿Qué si volvería a hacerlo? Por supuesto que SÍ. ¿Cómo iba a ser de otra forma?

¿Qué silenciaría de nuevo ante las groserías enunciadas contra mi persona y esbozaría una simplona sonrisa como en esta ocasión?

Ni en broma. Con su atropello verbal me descoló y me sentí amedrentada. Estoy convencida de que ahora mostraría mi peor talante. Creo que le diría al individuo en cuestión que de mal agradecidos está el infierno lleno; que apestaba como un cochino de corral; que le dieran a él también y que mejor se mudase de banco y de calle porque hacía feo a la entrada de mi trabajo. Eso y alguna cosilla más aunque aderezada con una de mis bonitas y elegantes sonrisas, para no perder del todo el temple y terminar llevando a cabo alguna acción extra de agresión gesticular.
Muy a pesar de todos esos grandes pensadores y creyentes de dogmas religiosos yo digo:
A veces buenos y en ocasiones no tanto.
Unas veces ángeles y otras demonios.

Mejor dejarlo en un Fifty Fifty (50-50).
Creo que me gusta más así. Resulta mucho más interesante y menos insulsa esta vida.
Y tú ¿qué piensas al respecto?

Pepa González

jueves, enero 7

Observando día y noche

























OREMOS





JUAN GARCÍA LUJÁN. EL CORREILLO (CANARIAS AHORA RADIO) 29/12/09


Padrenuestro que estás en la tierra santificados sean los que no negocian con tu nombre, como lo hacen Rouco Varela y los de su Conferencia Episcopal, que siempre son hombres. Venga tu Reino hasta las calles donde muchos hijos tuyos pasan frío y hambre, mientras las catedrales romanas siguen cerradas guardando los lujos siglos tras siglos. El Pan nuestro de cada día dáselo a quienes nunca lo tienen en África, Latinoamérica, Asia… y ahora también, en la misma Europa. Dales el pan a tantos niños desnutridos que no conmueven los corazones de los que sólo se acuerdan de los no nacidos. Perdónanos nuestras ofensas, y no sé si pedirte que perdones a los que ofenden en tu nombre. A los que tratan a las mujeres como asesinas a los que piden leyes para meter en la cárcel a las que abortan. No sé si pedirte que perdones a los que defienden a una única familia que ni siquiera ellos forman, desde su celibato. No sé si pedirte que perdones a los se preocupan de los fetos, pero pagan a los abogados defensores de los curas pederastas. Ya que ellos cayeron en la tentación y amargaron la vida a tantos inocentes, y abortaron las sonrisas de tantos chiquillos. Al menos que las limosnas de tus fieles no se usen para evitarles el castigo. Sí, castigo, eso que siempre solicitan para los infieles. No sé si pedirte, que perdones a los que pregonan la paz, desde las capellanías militares. A los que pregonan derechos fundamentales desde la Dictadura del Estado Vaticano. A los que siguen sin pedir perdón, después de pasear bajo palio a dictadores en España, Argentina y Chile…
Estamos dispuestos a perdonar a nuestros deudores si al menos ellos piden perdón por tanta desmemoria. Líbranos del mal, que no está precisamente en los que se aman como desean, sino en los que se odian sin conocerse. Sí, líbranos de las bombas, en Bagdad, en Kabul y en Gaza. Porque allí también están tus hijos. Líbranos de los apocalípticos que dicen que se acabará la especie humana, si la heterosexualidad no se impone con el Código Penal. Líbranos, Padrenuestro, de tanta doctrina inventada, que ignora las obras y la palabra de tu hijo, Jesucristo y de otros profetas que también fueron tus hijos.
Amén.

lunes, enero 4

Addio


Decir adiós no es fácil.
Irse para no volver te hace valorar las cosas más simples y nimias otorgándoles una importancia que hasta ese momento era inexistente. Abandonar dejando el hueco que uno ha estado ocupando largo tiempo. No es nada sencillo. Pero llegó la hora de apartarme y dejar que los demás vivan sin mi presencia. Estoy seguro que al principio les golpeará con fuerza pero luego llegará la calma. Todo regresará a su sitio y ellos irán olvidando.
Mejor evitar que sufran y esperarles en el otro lado.

Dicen que uno tiene que estar muy loco o tener muchas agallas para irse de esta forma. No lo sé. Igual soy solamente un cobarde. Quizás estoy cansado de todo. Hastiado de la rutina. A lo mejor siempre quise terminar y ahora me llegó el minuto.

María no lo va a entender. ¿Cómo lo iba a comprender si hasta ayer reía feliz entre mis brazos? No creo que lo llegue a digerir jamás.
Ja!
Y para qué tendría que buscarle un explicación. Mejor así. Me fui y que viva su vida como más le plazca. Le dejo bien pertrecha y el dinero no será un inconveniente para reiniciar su vida. Ella y los niños estarán bien.
Ah! Mis niños. Los quiero con todo el alma. Sin ellos creo que esto habría pasado mucho antes. La pequeña es igual que madre. Tan resuelta y fresca. Cada día más linda, más viva. Con ese suave pelo rojizo y su sonrisa permanente. La niña de mis ojos. Con tan sólo siete años es un torbellino de alegría. Un remolino musical que se te mete hasta las entrañas. Toda belleza entorno a su minúsculo cuerpo de lombriz saltarina. Pura vitalidad. Genoveva es igual que madre.

Ramiro es distinto. Es más yo. Sereno, concienzudo, meticuloso, callado, dócil. Con esa mirada de viejo cultivada en ojos de niño. Cuando lo miro recuerdo las palabras de Serrat cantando "El niño yuntero": alma color de olivo, vieja y encallecida. Así es mi Ramiro, un anciano joven.

Mis dos vástagos. Dos joyas que analizarán mis actos y hasta mis rasgos en fotografías, buscando razones donde nunca hallarán respuestas. María les dará motivos para quererme a pesar del abandono. Eso no lo pongo en duda. ¡Mi María!
A minutos de irme sigo preguntándome qué diablos pudo ver en mí para elegirme como su hombre. Siempre me dice que adentro lo que guardo es como un tesoro oculto. Que mi alma se le presentó al verme incluso antes de que yo pronunciara palabras. Que me conoció por dentro y eso la encadenó a mi cuerpo. Que supe mirarla como nadie antes. Y también quererla, como nadie nunca.
Mi pobre y querida María. Aún así tengo que dejarla y despedirme. Estoy cansado. Tengo ganas de desaparecer. De no haber llegado. Tengo necesidad de esfumarme. De alejarme.

Dicen que todos lo que se van de esta forma dejan letras escritas a modo de despedida. Dejando un recuerdo. Una misiva por el afán de plasmar la huella de uno en la memoria y la retina ajena.

Yo no quiero hacerlo. Me tiembla el pulso. Se me quiebra el cuerpo. Todo se me volvió fatiga y negro. Luto.

A mi hermana Clara, besos. A mi madre Eulogia, abrazo intenso. A padre Rafael sólo un instante de mirada a lo hondo. A lo profundo. Al interior de sus entrañas y de las mías. Y yo me voy para no herir más. Me alejo en el tiempo y el espacio para que ellos no sufran por mi culpa. Para evitar daños. Para romper historias grises. Para… no lo sé. Me voy sin más.

¡Ay mi querida María! ¡Mi María!
Te quiero pedir perdón pero en el fondo no quiero porque deseo irme.
Me llegó el instante. Te pediría disculpas por esas lágrimas que brotarán de tu rostro y que no quisiera que derramaras. Por el sufrimiento al que te llevará mi partida. Te pediría clemencia para este hombre que renuncia. Para, si lo prefieres, facilitar el camino al hombre cobarde.


Ya escucho las pisadas.
Son ellos.
Aquí me quedaré impasible aguardando el golpe a la puerta primero y luego el disparo certero.
No me moveré.
Esperaré que pasen y dejaré que mi destino fluya sin oponer resistencia.
Adiós vida. Adiós.



RAMIRO SUÁREZ, ASESINO, TE LLEGÓ LA HORA. ENCOMIÉNDATE A TODOS LOS SANTOS QUE CONOZCAS PORQUE TU VIDA SE ACABA EN ESTE INSTANTE.






FIN
Pepa González

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