Los secretos no deberían salir nunca de adentro. Los verdaderos, los que uno guarda con celo, las historias más íntimas donde mejor están es en el interior. Que cada cual se confiese con su propia conciencia. Que cada quien se lamente en sueños. Las líneas que pueden marcar un antes y un después en las trayectorias vitales, mejor bajo candados o sujetas por nudos de dos vueltas. Las voces que estropean lo que nos resulta valioso están mejor en cofres.
Y cuando la conciencia, insultante y arrogante, nos clama para que se escupan afuera lo íntimo… mejor callarla, silenciarla, hacer que retorne a su habitación de oscuridad y mutismo porque los misterios de uno, aquellas pinceladas que al mentarlas hieren, están mejor por dentro. Siempre adentro.
Pepa González