FRANCESCA WOODMAN - FOTÓGRAFA


(Denver – Colorado) Hija de George y Betty Woodman, artistas plásticos que en la actualidad gestionan un archivo de más de 800 imágenes tomadas por su hija Francesca. Su trabajo se identificó con el surrealismo y el futurismo, ganando importancia en sus fotografías así como el declive, representado paredes desnudas como fondo y objetos antiguos, llenando con ellos su obra. Se trasladó a Nueva York en 1979 en donde quiso hacer carrera fotográfica. A causa de una depresión, Francesca Woodman se quitó la vida el 19 de enero de 1981 lanzándose al vacío desde un edificio.

Sus fotos son retratos de mujeres en blanco y negro y, en muchas, ella es la modelo. El cuerpo es elemento central, anatomías borrosas, sombras en espacios abandonados y en decadencia. Fascinada por la muerte y su significado, la hace sentir en fotografías dentro de casas vetustas junto a naturalezas mortecinas y rincones en ruinas.

Sus retratos gotean vigor, carácter, fortaleza e innovación. En ocasiones, la mirada de Woodman reflejaba el sentir de un varón y, en otros instantes, era una fémina quien parecía observar desde el otro lado del objetivo. Jamás permitió que los cuerpos y sombras estuvieran mal encuadrados. Retratos con temporizador (de entre 8 y 15 segundos) que hacen reflexionar sobre la esencia de su peculiar forma de mirar porque no importa "quién" aparece en la imagen ni tampoco el "qué" aparece en ellas. Las imágenes de Woodman tienen alma propia que se instalada por dentro del que las contempla. Se pueden mirar decenas de veces desenterrando de ellas detalles nuevos con cada visionado. Son instantáneas eróticas e incluso trágicas. Woodman mostraba con ellas su estado vital: un mundo caótico y en decrepitud.

La obra de Francesca Woodman solidifica el individualismo convirtiendo en hielo la zozobra que la inunda.

Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas”.



 


SER OTRO

Ser Juguete de viento esperando ráfagas. Girar de un lado y de otro sin importar hacia donde da el sol o desde donde cubren las nubes. Moverse al compás de la brisa. Bailar al son de los alisios dejando que las rachas te bamboleen. Suspendido en lo alto. Contemplando lejanías inalcanzables. Recibiendo rayos de luz y rocíos de noches cerradas.

Respirando libertad. Soñando. Ser otro.


Ser Reflejo sobre loseta caldeada. Dibujar anatomías imaginarias escondiéndose y descubriéndose, dependiendo de  las miradas. Engrandeciéndose cuando la distancia abunda y aminorándose, si se siente cercano el motivo de vida. Aliento traslúcido pleno de tersura. Oscuridad y brillo. Sombra enraizada a texturas con cuerpo propio.

Respirando ensoñación. Libertando. Ser otro.




Ser Ferro forjado por manos apasionadas de un artista. Dejarse acariciar por ideas nuevas. Conformar belleza y fortaleza. Abrirse valiente ante los envites y plegarse, henchido y templado, ante el amor. Ser rojiza herrumbre que acompaña serena al tiempo. Vida indestructible. Espíritu de hierro inmortal.

Liberando sueños. Respirando. Ser otro.




DESCUBRIENDO LA CETRERÍA

R.A.E : CETRERÍA (De cetrero2).

1.- Arte de criar, domesticar, enseñar y curar los halcones y demás aves que servían para la caza de volatería.

2.- Caza de aves y algunos cuadrúpedos que se hacía con halcones, azores y otros pájaros que perseguían la presa hasta herirla o matarla.

En la caza de cetrería, existan dos modalidades. 1/ El alto vuelo practicada con halcones. 2/ El bajo vuelo con azores y gavilanes.


El primer registro fiable que se conoce de este arte de caza es un bajorrelieve asirio (722-705 a.C). En el estilo de vida de este pueblo asiático nómada, el empleo de halcones y águilas era un método eficaz para lograr alimento, mejor que los arcos y las lanzas primitivas. En China y Japón se encuentran registros del empleo de halcones para la caza que datan del 206-335 d.C. Se cree que la cetrería llegó pronto a Persia y Arabia. Persia se convirtió en el núcleo de cetrería de Oriente Próximo. No aparece este arte en frescos griegos ni romanos.
Las fuentes escritas dan testimonio de la prosperidad que alcanzó la cetrería en Turquía, China y Tartaria. En el área del Mediterráneo hacia el 400 d.C la cetrería ya se había convertido en parte integral de las vidas de las poblaciones germánicas.
En el medievo el rango social de las personas determinaba en gran manera la rapaz que convenía usar, según la abadesa J. Berger: “Un águila para un emperador, un gerifalte para un rey, un peregrino para un conde, un esmerejón para una dama, un azor para un terrateniente, un gavilán para un sacerdote, un mosquete (gavilán macho) para el clérigo”.
Durante el 500 y el 1600 d.C. se conoció el cenit de esta actividad. Los halcones eran llevados a la corte, a la iglesia, incluso al campo de batalla. Durante las Cruzadas, cristianos y sarracenos emplearon halcones como ofrendas de paz y artículos de comercio y encontraban tiempo, entre batallas, para ir de caza. Nobles cristianos deslumbraron a los sultanes árabes con blancos gerifaltes procedentes de países nórdicos y cazadores árabes sorprendieron con avanzadas técnicas en el adiestramiento de los halcones, principalmente, el empleo de la caperuza.
Como curiosidades: El rey Jaime I el Conquistador, tenía en su corte varios halconeros y convirtió la albufera de Valencia en coto real. Su mujer, la reina Violante de Hungría y más tarde su hija la infanta Violante de Aragón, casada con Alfonso X, el Sabio, fueron unas grandes apasionadas de la halconería.
Alfonso X dictó leyes que protegían las aves de presa. Como buen halconero y conocedor de su biología, penaba el expolio de huevos así como robar del nido pollos sin plumas. También penaba la captura de reproductores adultos. La pena menor era perder la mano derecha.

Al final del siglo XIII, Marco Polo relataba que el Gran Emperador mongol Kublai Khan se dirigía cada año, en el mes de marzo, hacia Kambaluk (Pekín) acompañado por 10.000 halconeros y pajareros para dedicarse a cazar.



En la actualidad, la halconería todavía tiene papel de poder y prestigio en los Emiratos Árabes. Gracias a los halconeros mundiales no han desaparecido muchas rapaces, ya que su cría en cautividad y la inseminación artificial hacen que se recuperen las poblaciones.
Los halconeros utilizan también este arte para el control de exceso de animales ayudando con ello al equilibrio medioambiental.






















Gracias, a Alejandro y Conchi, por su amabilidad y por permitirnos vivir de cerquita una tarde apasionante con sus halcones harris y sus azores.

FUERTEVENTURA - VENTURA FUERTE - FUERTEMENTE VENTUROSA

Isla henchida de solemne belleza trágica, toda ella entrañas calcinadas de la tierra madrastra.


Soledades desnudas, esqueléticas, descarnada. Esqueleto de tierra, rojiza osamenta atormentada de sed. Noble y robusta pobreza, hermosura enjuta, tierra que retiembla el ánimo.




Escuela de sosiego, sanatorio, fuente de calma. Tesoro de salud y nobleza.



Mar serena, sereno cielo, hija de las entrañas fogosas de la tierra.



Isla sedienta ceñida de mar y con toldo de nubes. Isla sufrida y ermitaña.



Ruinas de volcanes que son sus montañas. Colinas peladas. Viento mezquino y lacio y gris follaje. Montañas de una isla acamellada.


Con esta desnudez, Fuerteventura - pedazo de mi alma eterna ya - describe su propia vida, se describe a sí misma. Un oasis me fuiste, isla bendita. Cuando llegué a tu roca llegué a puerto y esperándome allí la última cita sobre tu mar vi el cielo todo abierto. Dejé esa roca llorando y es que dejaba en ella mis raíces... raíces en la roca.




(Miguel de Unamuno y Jugo - Exilio en Maxorata del 10 de marzo 1924/ 9 julio 1924)

ELVIS A LA DERIVA








(No puedes dejarme en este abismo donde no soy capaz de encontrarte. ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!


Heathcliff. Cumbres borrascosas de Emily Brontë)






Un año y sigues estando en todas las cosas, en cada rincón, en cualquier sombra y en casi todas las luces menos en las de neón, esas nunca te gustaron, lo recuerdo bien. Pero sí que estás en las de tono amarillento que parecen pedir auxilio de tan débiles y tristonas y, también en las que se enroscan nuevas en las lámparas del dormitorio brillando de forma deslumbrante hasta amoldarse a la estructura matriz, formando un solo cuerpo como un día tú y yo lo hicimos. Y en las luces callejeras que tanto te maravillaba retratar siempre que las líneas de la luminaria llamaban tu atención. O en las que alumbran la entrada a viviendas o las de salidas de las salas de cine. Te gustaban las luces porque tú eras, y sigues siendo, la luz. La auténtica y única luz.



Debí darme cuenta antes. Desde que miraste distinto. Desde que hablaste distinto. Mucho antes. Y si me repito diciendo que no lo vi llegar, es porque siempre fui un cobarde. Un maldito cobarde que prefirió agarrarse a un fantasma en vez de mirar de frente al horror y a toda la vorágine de dolor que lo acompañaba, a esa espiral de engaños y miedos subyacentes. Ahora repaso los días como ladrillos de una edificación centenaria que se van derrumbando con calma pero sin pausa. El amor se esfumó y quedó en el aire la niebla mustia de ese sentimiento. Aunque no me lo dijeras nunca, hoy día soy muy consciente de que se evaporó igual que se evapora el agua en plena ebullición, perdiéndose y abandonando su cuerpo. Se te fue el amor del mismo modo que se disipa la oscuridad con la llegada de los rayos de sol. Y te fuiste un día, hace ya un año, para no regresar. Imagino que todo lo pensaste bien, perfectamente bien antes de recoger y marchar porque, te preocupaste y mucho de salir con tus bultos de una sola vez, evitando verme de nuevo y contemplar de frente a este temeroso desecho, al hombre lúgubre, débil y acongojado que dejabas herido de muerte.



Ya lo decía el refranero que tanto te gustaba emplear: "Claridades de la calle, oscuridades de las casas". Claridades de la calle porque afuera todo parecía ir bien, mejor que bien. Con la única excepción de que, en esta ocasión también era yo uno de esos extraños que no eran capaces de ver la oscuridad, la negritud que merodeaba nuestro hogar y nuestra vida.



Escuchando las letras de Elvis tú te convertías en melodía, en verdad. Antes adoraba a Elvis y a esas baladas melosas que acariciaban con cada nota, convirtiendo los minutos en Films en blanco y negro, en sonrisas perfectas y tupes brillantes.

“Love me tender…love me sweet…never let me go. You have made my life complete…and I love you so…”.



Es cierto. Antes me gustaba mucho Elvis. Y me pregunté un tiempo en qué parte de la melodía decidiste presionar el pause dejando el reproductor en silencio. ¿En el “sweet” que siempre te resultó empalagoso o en la parte en que te decía que te quería como a nada en el mundo? Era yo quien se suponía te suplicaba para que no me dejaras tomar una decisión equivocada. Era yo quien pensó siempre que algún día marcharía porque hasta que llegaste tú, mi vida circulaba en solitario y sin pretensión de compartir el trayecto con nadie.



Mejor solo que mal acompañado – decía continuamente madre y como bien apuntaba ella, cualquier pasión se convertiría al final en una mala compañía o en un pavoroso vacío. ¡Pero qué sabia madre!.



De ese terrible vacío sí que ando ahora sobrado. El vacío camina a sus anchas por en derredor abarcándolo todo.

“Love me tender…love me dear…tell me you are mine. I´ll be yours through all the years, till the end of time”. ¿Cómo diablos iba a esperar una despedida después de estas verdades entonadas para ti? Al final soy yo quien las grabó de por vida en la piel
“Till the end of time”. Mira que me gustaba Elvis.



Podrías haberte llamado de otra forma. Podría haber encontrado un nombre distinto. Una mujer diferente. Una sonrisa menos preciosa. Unos ojos menos aceitunos. Una mujer menos… una hembra menos “tú”. Podría haberme percatado de que esa forma tuya de mirar y esa manera tuya de desenvolverte ante el mundo, sólo podría traerme desolación porque arrollaste todo con tu paso por mi vida. Igual que llenaste de luz los espacios me sumiste en la más total oscuridad regalándome puras noches sin lunas, sin guía para volver a recalar y continuar. Un día, hace hoy un año, te soltaste la amarra y te vi apartarte con el movimiento acompasado de las mareas dejando el noray agrietado, lleno de herrumbre y envejecido, sin rescate. Y esa pieza resquebrajada soy yo.Sí. El amor se nos evaporó.



Ahora lloro y me asombra sobremanera que lograras hacerme llorar. Bien sabes que yo no lloraba, jamás lo hice. Era más de esos que llevan el manantial por dentro. No lloraba pero ahora lloro y en los últimos meses, creo que incluso más que al principio. He leído que se debe al duelo tardío y que es necesario para recomponer lo quebrado. He descubierto que llorar me alivia y así, por lo menos, pongo fuera todo ese espanto que quedó con tu partida. Lloro en público y también en privado. Lloro si miro tus fotos y cuando recuerdo tu voz. Lloro de madrugada cuando me despierta tu imagen y también mientras desayuno, si te imagino de pie, junto a mí. Lloro y lo hago sin frenos, expulsando la tristeza, desalojándote a ti de mí.

Definitivamente tenía que haber pensado en buscar una mujer con otro nombre. ¿Cómo puede alguien enamorarse de una mujer llamada "Alma" y no sentir pavor? ¿Cómo puede alguien pensar que enamorarse de "Alma" no conlleva el temor de perderla algún día y, de paso, perder la de uno, la propia? Porque llamarse "Alma" no es solo ser bautizada con ese nombre…es mucho más. Esas cuatro letras deberían llevar un prospecto con instrucciones de posología y efectos secundarios porque, después de su aparición, después de pronunciarlo, sentirlo, tenerlo, después de "Alma" todo germina y con su adiós todo se pudre. Y es que todo en esta vida tiene Alma, hasta la más mísera piedra de acantilado llena de musgo o páramo reseco de calor, hasta la huella de un perro en arena de playa, hasta el jarrón vacío que espera nuevo ramo o las hojas otoñales que piden ser retratadas. Todo tiene "Alma" y el "Alma" está en todo. También sigue en casa, en mí. Y siento aún la pena. Escribo y en cada letra siento aún la congoja porque, continuas viva en cada palabra y en cada frase que redacto y estás aunque no estés y, vives aunque estés muerta, vives. El "Alma" siempre está en lo que uno escribe y en lo que uno piensa y hasta en lo que uno respira. Seguirás viva y será así, presente, reinando, ahora y siempre.



Lloro y lo acepto o tal vez sea a la inversa, acepto y me resigno en llantos. El caso es que reconozco tu pérdida y con total entereza, sin resentimientos, sin críticas, ¿qué sacaría con ellas?.



Sólo hay una cosa que me duele y que te echaría en cara si pudiera. Solamente hay algo que me mortifica más que el vacío, que los lloros, que el abandono y la viudez sentimental. Algo que consigue revolverme las entrañas y que me deja un sabor a repugnancia y hartazgo. Puestos a recriminarte algo, mi querida y anhelada "Alma", te diría que lo más que me incomoda de toda esta historia no fue la forma en que partiste, ni siquiera la falta de forma o la inconsistencia de motivos para la ruptura. Se volatilizó el amor y ya. Lo que realmente me jode es que le haya perdido el gusto a Elvis, a su música, a su voz, al gran Elvis, al Rey, para que en su reemplazo resuenen en mi cabeza los acordes de la abominable canción del Perales, ¿Y QUIÉN ES ÉL?, entonada por ese tal Mark Anthony de telenovela. Eso sí que me ha dejado absolutamente descolocado y me pregunto, en cada ocasión que la caja de resonancia de mi cuerpo se empeña en tararearla, si debería despeñarme, tomarme algún que otro somnífero, cortarme las venas o quizás, dejármelas crecer para abrazar, algún día, algún otro amor.

Así que con aversión firme, con asco incluso y coreando casi a diario el: “¿y en qué lugarrrr se enamoró de tiiiiiii?” que se empeña en personarse, entrando y saliendo sin invitación previa, sobrevivo a la mayor y más dura de las tempestades posibles: la del buen gusto. Y mientras tanto y para mi desdicha, mi idolatrado, talentoso y estimado Elvis, sigue sin rumbo fijo y a la deriva. ¡HAY QUE JODERSE!





pEpA gLeZ

RGB - INFÉRNUM

El Averno no está sólo en llamas.



La Perdición no se limita al rojo incendiario.


Las Tinieblas no irradian únicamente tonalidades sanguinolentas.



El Abismo no llegó después de la Falta.


El Infierno fue el inicio y los Primarios gestaron sus entrañas vistiéndolo con sus matices.


Tras el Tártaro tomó el resto su Forma y Color.









































HABLAMOS






Me gusta conversar con otras mujeres. Saboreo los minutos previos a una conversación de féminas, conocedora desde antes del inicio de tal acontecimiento, de lo gustoso que me resultarán esos minutos de tertulia. Disfruto muchísimo oyendo el parloteo, alegre y acelerado de esas amigas que se reencuentran tras muchos meses sin verse o, de aquellas cuasi hermanas que dejaron conversación a medias por falta de tiempo y que comparten vivencias, desde más allá de lo que puedan recordar. Me regocija observar a damas de cierta edad enunciando máximas vitales tras haber dejado atrás días, meses, años enteros, sobreviviendo a los oleajes, tempestades y resacas de toda una vida. Me resulta embriagador contemplar como las mujeres somos capaces de mirarnos sin pronunciar sílabas, transmitiéndonos de forma casi instintiva cualquier historieta que nos propongamos disertar, como muy bien representa de forma exagerada e hilarante, con gesticulaciones de rostro y movimientos de extremidades, el cómico canario Vieira. Da igual que se hable de temas triviales o trascendentales, de pedicura o manicura, de historia o cine, de cocina o limpieza, de arquitectura o literatura, da igual. Cualquier tema que planteemos llevará casi siempre aparejada risas y, en su defecto, lágrimas. Muchas mujeres son expertas en sentir empatía y esa facilidad para abrigar, interiorizar y hacer latir como propia la alegría o padecimiento ajeno, hace que nos hagamos confidencias inmensas, descomunales, extraordinarias. A las conversaciones de mujeres no les falta de nada: algunas son picantes, otras intelectuales incluso científicas, muchas arrastran y se sumergen en críticas ásperas al sistema, críticas a las formas, a la educación, al devenir de la historia, críticas a principios, a derechos y sobre todo, principalmente y de forma reiterativa, críticas a los hombres. A ese otro género sin el que no concebimos la vida pero al que tenemos la necesidad imperiosa de intentar modelar siempre a nuestro antojo para, según muchas piensan, “hacernos la vida algo más llevadera”, sabiendo generación tras generación de mujeres que constituye, tan sólo la tentativa, un “Craso e Inútil Equívoco”. Hablamos también de los niños indistintamente de haber tenido descendencia, bien como madres, como abuelas, como tías. Hablamos de la casa, para muchas una verdadera tortura mientras que para otras es su más preciado y querido refugio. Hablamos de enfermedades, venideras o llevaderas. Hablamos del vecino, del alcalde, del conserje y hasta del panadero. Hablamos de gimnasios, de nuevas disciplinas deportivas, de medidas efectivas para reducción de esa chicha o aquella pistolera. Ahhh! Y hablamos de dietas: de las de verduras, las de frutas, las de líquidos, las que limpian hasta la esclerótica, las del paleolítico , las anti colesterol, las macrobiótica, las del yoghourt y las del arroz, las de los tres días y las de los siete kilos. Sí. Definitivamente hablamos de Dietas. Y también del último modelo de auto: 4x4, descapotables, rancheras, de cuatro plazas, de cinco, de nueve, caravanas…coches al fin. O sobre las hipotecas, los préstamos, los avales, los intereses bancarios y los regalitos de catálogos por abuso y uso de las tarjetas de créditos. Hablamos de amores, de los de verdad. Amores pasados y presentes. Sentimientos vívidos y mortecinos. Hablamos de apegos, de ternuras, de caricias, del “Amor”. Hablamos de sexo, de experiencias, de interrogantes, de disfrute, de ganas y de desganas. Hablamos de infidelidades, supuestas o confesas. De ellos y de ellas. Hablamos desde la experiencia y en otros tantos momentos, desde el desconocimiento. Hablamos. Y de las arrugas. De las señas que el señor Tempo nos va dejando sin permiso, de las pieles de unas y de otras, de la importancia que tiene para unas y de la carencia de ella, para tantas otras. De la necesidad de volar, incluso sin emplear artilugios mecánicos que se acerquen a las nubes. De evaporarnos por días. De desaparecer por un tiempo, incluso de las ganas de morir que en momentos puntuales sentimos todas. Hablamos de las guerras y de la posibilidad de erradicar el mal. De los dineros y de donde invertiríamos los caudales públicos. Del hambre y de las muertes por hambruna. De nuestro retiro de descanso, de nuestros sueños. De poesía y de prosa. De aquel olor que nos dejó huella y de los dulces de madre que, con su falta, ya no se degustarán. Hablamos y, sobre todo y gracias a ese maravilloso don del verbo, de la palabra, de las muecas y los gestos ... sentimos y SOBREVIVIMOS. Y ya lo enunció Don José Saramago, el nobel portugués, en una de sus últimas conversaciones antes del adiós postrero: “El mundo se sostiene en su órbita gracias a las conversaciones de las mujeres”.



Sí, hablamos.





pEpA gLeZ







Foto: Kenyan women heating milk (google pic. Science Photo Library - From the book 'What I Eat: Around the World in 80 Diets' by Peter Menzel and Faith D'Aluisio)



Son muchas las cosas que aún debo hacer: acabar de matar la memoria, procurar que mi alma se vuelva de piedra, y aprender de nuevo a vivir. Anna Ajmátova