PARRA.







Le susurra el racimo a la cepa:


Solamente uno. 
Tú y yo lo somos.
Uno solamente.
Te completo porque tú y yo somos uno.
Desde que nos conocemos, nada más somos. 
Uno.
Amor, necesidad, imposición, deseo. 
¿Qué más nos da?
Esa es la única y palpable verdad.
No hay dos.
Siempre hubo uno. 
Sin ti, no soy. 
Sin mí, no podrías ser. 
¿Completarte?
Jamás hizo falta. 
No lo olvides, jamás. 
Es tuyo lo más importante de mi naturaleza.
Y siempre lo mejor de ti fue mío.
Nacimos para estar unidos. 
Florecimos para ser uno.
Uno solamente. 
Lo somos, tú y yo.
Solamente Uno.



Son muchas las cosas que aún debo hacer: acabar de matar la memoria, procurar que mi alma se vuelva de piedra, y aprender de nuevo a vivir. Anna Ajmátova