SER MUJER EN AFGANISTÁN





Ser mujer en Afganistán es una heroicidad. Cuando se retiraron las tropas extranjeras volvió a caer el burka sobre sus cabezas. No tienen otra opción que silenciar. 
Ellas son las víctimas, las de los talibanes, las de los occidentales que confundieron la política con propaganda, las víctimas ante la atenta e inmóvil mirada de todos nosotros que nos mantenemos al margen frente a la injusticia. 
Ya se nos convirtió en costumbre no ver cuando miramos, no escuchar cuando oímos, no dolernos cuando hieren. 


Siento rabia e impotencia. Dolor e indignación. Nuevamente un asco visceral.

Mostrarlo al mundo, su padecer, el de miles de mujeres como yo, como tú que me lees, como tu madre o tu hermana, tu tía o tu prima, mujeres, es lo mínimo que puedo hacer por ellas. 



Son muchas las cosas que aún debo hacer: acabar de matar la memoria, procurar que mi alma se vuelva de piedra, y aprender de nuevo a vivir. Anna Ajmátova