jueves, abril 18

ÁLVARO TATO - POETA


ÁLVARO TATO LECTURA POÉTICA



BÍO:

Álvaro Tato (Madrid, 1978) escritor y actor. 
Licenciado en Filología Hispánica, ha estudiado Dirección de Escena en la RESAD.
Ha publicado Gira (Premio Internacional de poesía Miguel Hernández 2011), 
Cara máscara (Premio Hiperión de Poesía 2007), 
Libro de Uroboros (Premio "Antonio Carvajal" de Poesía Joven; Madrid, Hiperión, 2000) 
y Hexateuco (Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid; Madrid, Visor, 2000) 
Fue uno de los coordinadores de Veinticinco poetas españoles jóvenes (Madrid, Hiperión, 2003). 

Su obra figura en diversas antologías poéticas y ha obtenido varios premios de narrativa, 
entre ellos el Primer Premio en el Concurso Internacional de cuentos "Miguel de Unamuno" 2006. 
Desde 1996 escribe y actúa en la compañía de humor, teatro y música Ron Lalá, con la que ha recorrido en gira toda España y varios países de América.



Poesía


HIMNO

Que haya viento a favor.
Que mires atrás una sola vez
para saber que aún no te persigues.

Que encuentres la alegría de perderte, 
la certeza fugaz de no estar muerto,

alguien que te acompañe
y cosas que sucedan.

Que sigas. Que te pares.

Que nunca des contigo.




Y que tu patria sea ese lugar
al que no llegarás.


MIGRACIÓN

Atraviesa la noche del Atlántico
una bandada lenta
de personas dormidas.


Todas ya despedidas
y todas en camino,
bajo sus pies el cielo y el océano
idénticos, oscuros, llenos
de muertos y tesoros
y más allá quizá
algo que hacer
o alguien que espera.



Quietas, calladas, duermen.
Cruzan la noche juntas y despacio.
¿Qué soñarán a bordo
de su pájaro blanco?


DESCENSO

Sumergidas al fondo
del cielo negro brillan
ciudades,
medusas abisales
bajo los pies descalzos de los buzos
que sueñan con sus nombres.

Esqueletos de luz en la ventana,
armaduras, incendios, salamandras.

Leyendas a la espera
de otro avión que se hunda.



MARGARITA

Si lo que somos fuera
no lo que sabes, sino
eso que no, ni nadie,
ni tú siquiera, eso
que sólo es porque no
se sabe, que no tiene
nombre ni nada y pasa
entre nuestras palabras,
bajo las cifras, más
acá de nuestros sueños
y libros, más al fondo
de todas nuestras magias,
más alto que la torre
donde doblan campanas,
más hondo que la tumba
donde ya no te espero;
si lo que somos no
fuera lo que has querido,
lo que buscabas siempre,
lo que encontraste en vano,
sino lo que no, entonces,
sólo entonces.

EL ACTOR

Soy una casa abierta
nueva.
Y cada huésped deja
un rastro de sí mismo en las paredes.

Soy una casa abierta
llena.
Los huéspedes fugaces
dejan cada mirada distinta en las ventanas.

Soy una casa abierta
vieja.
Cada huésped esconde
un sueño diferente debajo de las camas.

Soy una casa abierta
muerta.
Y vosotros, mis huéspedes,
os lleváis hasta el marco de las puertas.

LA CHICA INVISIBLE

La chica invisible tuvo un sueño.
Soñó con el regreso a su piel blanca,
a su cuerpo de madre,
y nunca más ser nada en los espejos.
    Oh Sue te lleva el aire

Tuvo una cara y una voz de nuevo
y tuvo que ser algo en vez de nada.
Orilla de la carne
la sombra ya poblaba su reflejo.
 te lleva el aire

Susan Storm soñó tener un cuerpo,
heroína de todas las miradas.
Seguía al despertarse
para siempre invisible como un sueño.
                 aire


JARDÍN DE NUEVO, IV

Si ella me ofreciera de su boca nuevamente
la manzana del árbol de la vida
y como ayer brillaran los ojos de la sierpe
por detrás de su corteza encarnada
igual mordería por besarla aunque supiera
el misterio del edénico exilio,
la vergüenza que cubre los sueños más hermosos
y la sed de los jardines perdidos.

Si ella me llamara ven amor desde las torres
del templo de las nubes subiría;
si a brazo no pudiera lo haría a santidad,
buscando muerte lenta y buenas obras
para que al fin me nacieran dos alas de oro
en la espalda cargada de milagros
y volar y hacer pudiera de aire nuestro nido,
el nuevo paraíso de los labios.

Si ella me llamara Salomón y rey yo fuera
y postradas de hinojos ante mí
princesas concubinas, mancebos querubines
cantaran ven al tálamo florido
a todos negaría mi cuerpo, que es el suyo,
y a la casa pequeña volvería
mordiendo una vez más lo que escapa a Salomón:
la manzana del árbol de la vida.






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