domingo, junio 29

Las tertulias en la Casa Girasol




- Mamá, ¿cuántos años tienes ya?
- Y tú ¿para qué quieres saber mi edad si puede saberse?
- Y ¿por qué no mamá?
- Te voy a decir como me decía mi madre: tengo quince, ni uno más ni uno menos.
- Mamá, tú no puedes tener quince.
- ¿Y eso por qué?
- Pues porque la prima tiene trece y tú no puedes ser dos años mayor solamente.
- Ummm, está bien. Tengo unos poquitos más pero como me gusta el quince decidí estancarme en la quincena, ni uno más ni uno menos.
- ¡Qué tontería mamá!
- Pues sí.
- Y aunque tengas quince y algunos más que no quieres reconocerme, ¿recuerdas cosas de cuando eras tan pequeña como yo? O sea, ¿recuerdas cosas que te pasaron a los ocho años casi nueve?
- Claro que sí. Recuerdo algunas cosillas, algunos olores y sobre todo, algunos vientos.
- ¿Algunos vientos mamá?

- Sí, me vienen a la memoria los días con  viento. Unos con viento fuerte, como bofetadas sonoras. Otros con ventolera calurosa, como una manta que te abraza cuando menos te apetece llevar ropas encima. Otros de aires fríos, como los que corren por los callejones estrechos en las noches de invierno. Otros llenos de tierra, de esos que te hacen cerrar de un golpe los ojos antes de que todas las dunas del Sáhara se te acomoden en los lacrimales. Vientos llenos de gotas de mar, vientos salados que te rozan el rostro y te provocan una sonrisa veraniega. Recuerdo vientos con olor a higos en La Geria y también otros, que arrastraban con su fuerte brazo silencios de la memoria. Recuerdo vientos con sonido a hojas de arboleda en movimiento, vientos de todos los tonos del verdor de un frondoso bosque y otros puros, vientos blancos, los vientos que se frotan con las paredes encaladas de las casas sureñas, empujando a su paso toda la luz del sol en un único soplido. Recuerdo vientos encarnados rebosantes de flores del flamboyán florido en junio y otros vientos otoñales, grises vientos que aúllan adioses con la aurora. Recuerdo vientos a los ocho años, a los nueve y a los diez. Y los más lindos vientos. Uno olía a Padre, a Tabac. Otro a Diorissimo, ese era el viento de Madre. 
Sí. Recuerdo toda mi adolescencia y juventud contada en vientos. Vientos de todas las razas y lenguas, vientos de ayer y de hoy mismo, con los quince. Hasta los quince y alguno más, mi niño lindo.
- Ay Mamá!, tienes unas cosas


jueves, junio 26

Nelle Harper Lee

Dispara a todas las urracas que quieras, si puedes darles, pero recuerda que es pecado matar a un ruiseñor. 



Harper Lee nace en una pequeña localidad de Alabama. Estudia Derecho y se traslada en los años 50 a la ciudad de Nueva York para trabajar en una compañía aérea. En la Gran Manzana, Harper publicó “Matar Un Ruiseñor” (1960), novela de cariz autobiográfico por la que ganó el premio Pulitzer. Solamente escribió esta novela y tras ella, algunos ensayos. La novela fue llevada al cine con gran éxito.
En la trama de la película subyace el problema del racismo.





Sobre la película:
Atticus Finch (Gregory Peck) es un abogado afincado en una pequeña ciudad del Alabama de los años 30. Es viudo y padre de dos niños pequeños. A pesar del ambiente racista que se respira en el pueblo, Atticus — un hombre de principios, honrado y ejemplar — decide defender a un joven negro de la acusación de haber violado a una mujer blanca. Simultáneamente a esta historia, los hijos de Atticus — la pequeña Scout, narradora de la historia, y su hermano Jem — investigan a su modo sobre el misterioso Boo Radley (Robert Duvall), un joven enfermo mental que ha vivido encerrado durante años y al que nadie ha visto desde que era pequeño. Todo lo que rodea a Boo está cubierto por una aureola de misterio. A todo esto Atticus va enseñando a la pequeña a no juzgar a la gente por las apariencias y a tratar a todas las personas sin prejuicios. Y finalmente un desenlace, toda una lección, no exenta de matices.
Matar un ruiseñor (To kill a Mockingbird) deslumbra por su fotografía en blanco y negro, por las soberbias interpretaciones de la pequeña Mary Badham como Scout, la hija pequeña de Atticus, y de un magnífico Gregory Peck que supuso para él el logro del Oscar a la mejor interpretación; y por encima de todo, por el modo de contar una historia convirtiéndola en una lección de humanidad y de educación.
La figura de Atticus Finch es el arquetipo de hombre justo y coherente y de buen padre, que siempre hace lo que considera que es su deber a pesar de las dificultades.
El personaje de Scout estaría inspirado en la propia Harper Lee y el de Atticus Finch en su padre. El apellido de soltera de la madre de Lee era Finch.

La película también ganaría el Oscar al mejor guión adaptado.






Harper Lee con Gregory Peck



HARPER LEE
MATAR UN RUISEÑOR (Fragmentos)

" Atticus Finch no hacía nada que pudiera despertar la admiración de nadie: no cazaba, no jugaba al póker, no pescaba, no bebía, no fumaba... Se sentaba y leía."

" (...) -Una dama? Jem levantó su cabeza. Su cara estaba roja. -Después de todas las cosas que ella dijo sobre ti, una dama?
-Lo era. Ella tenía sus propios puntos de vista sobre las cosas, diferentes a los míos, tal vez... hijo, te digo que si no hubieras perdido la cabeza yo mismo te habría obligado a leerle. Quería que advirtieras algo sobre ella. Quería que vieras lo que es realmente el valor, en lugar de tener la idea de que el valor es un hombre con un arma en su mano. El verdadero valor es cuando sabes que tienes todas las de perder, pero emprendes la acción y la llevas a cabo a pesar de todo. Raramente ganas, pero algunas veces lo logras. La señora Dubose ganó las 90 libras de ella. De acuerdo a sus puntos de vista, ella murió sin deberle a nada ni a nadie. Era la persona más valiente que he conocido."

"(...) -La señorita Gates es una buena dama, verdad?
-Seguro que sí- dijo Jem. Me gustaba mucho cuando estaba en su clase.
-Ella odia mucho a Hitler...
-Qué tiene eso de malo?
-Bueno, ella nos contó hoy lo terrible que es tratando a los judíos, no es bueno perseguir a nadie, verdad? quiero decir, ni tener malos pensamientos sobre la gente, verdad?
-Claro que no, Scout. Que te sucede?
-Bueno, al salir de la corte esa noche la Señorita Gates -iba delante de nosotros al bajar la escaleras, no debes haberla visto-, caminaba hablando con la señorita Stephanie Crawford. La escuché decir -ya era hora que alguien les enseñara una lección, ya se estaban excediendo, lo próximo que pensarán es que podrán casarse con nosotros-. Jem, como puedes odiar tanto a Hitler y después dar la vuelta y ser tan cruel con la gente que tienes aquí en casa. "


Harper Lee


Harper Lee con Truman Capote

Harper Lee con Truman Capote


lunes, junio 16

Lalibela






Cada año, justo antes de Nanidad miles de fieles ortodoxos cristianos piadosos hacen una peregrinación a Lalibela conocida como Jerusalén de África. Lalibela es famosa por sus iglesias monolíticas del siglo XII, talladas en la roca viva y una de las grandes maravillas del mundo. 
El príncipe Lalibela hizo construir al norte del actual territorio etíope una docena de iglesias excavadas en piedra. Todas ellas, comunicadas por pasadizos subterráneos que horadan las rocas volcánicas de la reseca y aisladísima población que hoy porta el nombre del monarca, se erigen como un milagro inesperado y fabuloso del cristianismo en esta desconocida esquina del continente africano.

Aquí, una mujer infértil es bautizado por los sacerdotes; de acuerdo a la fe que el agua tiene poderes de fertilidad que le permitan concebir. (© Gali Tibbon/2013 Sony World Photography Awards)
















Sacerdotes y religiosos rezando en las rocas que dan cabida a las iglesias de Lalibela durante la Semana Santa ortodoxa.  


















Yakuza de Anton Kusters

«En el bar del hotel de Niigata, empiezo a entender las interacciones sociales sutiles y constantes. Las pequeñas expresiones en los rostros, los gestos, las voces y las entonaciones, el lenguaje corporal. A medida que el bar se vacía para dejar que el Padrino tome su café, todo parece organizado de manera estricta y, a la vez, completamente natural. Por alguna razón no necesito que nadie me diga qué debo hacer, dónde sentarme, cuándo debo hablar o callarme. Es como si percibiera los límites y las expectativas implícitas, y lentamente entiendo cuándo puedo moverme o mejor detenerme. Estoy sentado en una mesa con un guardaespaldas; me atraviesa con su mirada penetrante. Bebo mi granizado de café. Me doy cuenta de que tengo que ir con pies de plomo». Anton Kusters, Tokyo, 2009.

http://antonkusters.com/projects/yakuza/


















Los yakuza tienen sus orígenes en federaciones de apostadores y comerciantes callejeros del Periodo Edo. Estos grupos evolucionaron con el tiempo a sindicatos criminales. Actualmente los yakuza están conformados por unas 79 mil personas, divididas en 22 grupos. Aunque las autoridades se refieren a ellos como “fuerzas antisociales”, en realidad son grupos que se encuentran al margen de la ley, con oficinas y tarjetas de negocios. Para hacer una comparativa, mientras que Estados Unidos tiene más del doble de población que Japón, se estima que cuenta con sólo 20 mil personas que se dedican a negocios clandestinos.

Los yakuza se desempeñan en diferentes negocios, ya sean legales como ilegales. Sus negocios pueden abarcar extorsión, juegos de azar, robo, blanqueo de dinero, drogas, deportes, entretenimiento, manipulación de acciones, estafas turísticas, tours sexuales, prostitución, tráfico de personas, tráfico de armas y pornografía no censurada (en Japón la pornografía debe censurar los genitales). El grupo más grande de yakuzas es el Yamaguchi-gumi, con sede en Kobe, y está integrado por 39 mil miembros.

miércoles, junio 4

La tinta de la memoria.

Pues resulta que andaba yo hoy loca buscando calcetines altos de color amarillo, beige o canelo (color café y leche, más leche que café) tal y como reza el último petitorio del colegio de mi hijo. Amarillos y altos, canelos y altos, beiges y altos porque así lo pautan los que orquestaron el musical anual infantil. Y en ese entrar y salir de mercerías y tiendas de ropa para enanos de jardín en busca del tesoro en formato medias de fino hilo, en captura de esa nueva utopía textil con colores y talles definidos, me doy de frente con Pejumae, una tienda local archiconocida en la capital conejera para copias e impresión y venta de material de oficinas.  En un instante que conseguí apartar de la testa el objetivo "compra de calcetines para el musical del niño", recordé que voy escasa de anillas para encuadernar mis últimos proyectos vitales - talleres de animación a la lectura y escritura creativa para niños y de creación literaria como terapia para adultos. Decido adentrarme con paso firme en el mundo Pejumae y tras saludar a los allí presentes, aguardo turno para hacerme con esos resortes en negro necesarios para confeccionar dossieres. Huelo el polvo de sus rincones, escucho los plotters en cadena y observo en sus estanterías, algo desvencijadas, todo un abanico de gomas, lápices, tintas, rotuladores, clips, pegamentos y cintas adhesivas. Entre tanto surtido – voilá -  los bolígrafos inoxcrom transparentes, con tapón estriado de cierre negro, de punta fina de acero, mis maravillosos bolígrafos inoxcrom, los de la infancia. Llena de alegría me retrotraigo en el tiempo y entro a sentarme en mi mesa verde claro frente a la pizarra oscura con marco de madera, en el pupitre de la alumna número quince, en la clase de Ciencias Naturales de la señorita Hilda (o Naturaleza, que también así la llamábamos), con mi inoxcrom entre los dedos, apretando fuerte para marcar mejor esa grafía rápida de niña impaciente y jiribillenta. Y me vuelvo hacia el encargado de Pejumae, sumida en regocijo, para contarle lo maravillada que estaba de aquel descubrimiento, de volver a los doce años, de los aromas a libros de Santillana que aquellos bolígrafos consiguieron traer a mi memoria en pocos segundos, del olor a colonia de Heno de Pravia con que madre me rociaba la cabeza peinada antes de salir hacia el colegio, del olor a tinta negra, a tinta azul, a tinta roja de los bolígrafos inoxcrom sobre mi libreta de cuadros. 
Respiro y compro uno, antes de pagarlo doy media vuelta y tomo dos más del estante para, finalmente, llevarme casi la caja entera de bolígrafos inoxcrom en tinta negra, mis preferidos, por aquello de retener en la actualidad esos pensamientos biográficos más allá de aquellas paredes ajenas. El encargado me mira sonriente mientras saca la cuenta a la chica de las anillas de dossieres y sus recuperados bolígrafos de tinta negra inoxcrom.

Y qué bueno regresar a mis años de niña, qué bueno regresar, qué bueno ser consciente de ese regreso, de la edad actual de una, de lo mucho que ha pasado entre medio. Qué bueno. Qué bueno estar viva y bailar en el tiempo a golpe de pequeños recuerdos vestidos de grandeza.
Hoy, por obra y gracia de mis queridos bolígrafos inoxcrom.
Mañana…mañana a saber qué o quién convertirá mi vida en un delicioso pasearse por la memoria. 



(Por cierto, el encargado que amablemente aguantó mi momento de éxtasis pueril resultó ser Vin, hermano pequeño de dos buenísimos amigos: Pico y el ya difunto y querido Chicho. Bonita la vida que nos reúne con quien desconocíamos para mentar a quienes se quiso y quiere bien, presentes o ausentes).





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