domingo, enero 11

Virginia Woolf

No conocemos nuestra propia alma y mucho menos las almas de los demás.
Los seres humanos no vamos todo el trecho del camino cogidos de la mano. Hay una selva virgen en cada uno. Un campo nevado en el que se desconocen incluso las huellas de los pájaros. Aquí vamos solos y lo preferimos. Sería insoportable que nos compadecieran siempre, que nos comprendieran siempre, estar siempre acompañados. Pero en la salud ha de mantenerse la pretensión de cordialidad...
En cuanto nos vemos obligados a guardar cama o a reposar entre almohadones en un sillón nos convertimos en desertores.

De la enfermedad. Virginia Woolf. Traducción de Ángela Pérez editorial Centellas.



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