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viernes, octubre 12

Y después de escuchar al jovencísimo pianista Tsung descifremos algo sobre estos cerebros privilegiados.

Mozart, la genialidad.

Mediante las cartas de Wolfgang Amadeus Mozart nos queda patente que, este enorme compositor, era capaz de escribir sonatas al mismo tiempo que conversar sobre temas varios. Demuestra así -según los especialistas- que tenía un perfecto control sobre los lóbulos cerebrales. Madre naturaleza quiso dotarlo de virtuosismo y de ese talento innato.

En cuanto "veía" la obra en su cabeza la reproducía sin inconvenientes pero, lo que más llama la atención es que en el caso de Mozart, era capaz de escribir la pieza musical mientras componía otra en su mente y todo ello en el mismo instante temporal.

Mozart “escribía” la partitura en su cabeza, hasta en los más mínimos detalles y luego sólo la trasladaba al pentagrama. Y dice literalmente Mozart en una misiva a su hermana: “...mientras iba anotando el preludio iba componiendo la fuga”.


Se sabe que su ópera Don Giovanni fue compuesta en un mes de verano.

Una de las partes más bellas de su ópera la “Flauta Mágica” - "Der Hölle Rache" - la gestó mientras jugaba a los bolos. Al final de su corta vida, era capaz de escribir distintas obras al unísono: La Flauta Mágica, La Clemencia de Tito (compuesta en sólo quince días), un quinteto, un concierto y el Réquiem (inacabada).

Su ingenio musical se completaba con un natural talante para los números y las matemáticas, y para muestra: la obra “Juego de dados musical”. Escribió las instrucciones para un juego de dados de composición musical. La idea consiste en cortar y pegar medidas preestablecidas de música para crear un minueto. La música y la tabla de reglas del juego aparentemente se publicaron de manera anónima en 1787. Existen 176 posibilidades de minuetos y 96 de trío.



La palabra "genio" se reserva para aquellas personas que presentan niveles de inteligencia o rendimiento extraordinariamente altos en un área particular, hasta el punto de llegar a producir nuevas estructuras conceptuales. Su rendimiento en el ámbito musical era algo sin parangón. Su dominio combinado tanto en el campo de la interpretación (violín, piano, instrumentos de viento, dirección de orquesta, etc.) como en el de la composición, casi nunca se han alcanzado. Estilo propio. Fue un músico independiente en una época en que el músico seguía siendo un siervo de grandes y poderosos señores. "Prodigio", "talento" y "precocidad".

Mozart sería uno de los pocos seres humanos merecedores de todos estos calificativos. Aunque siempre se nos recuerda lo temprano que compuso sus primeras sonatas, conciertos, sinfonías u óperas, y sus giras infantiles por las principales cortes de Europa, habitualmente se olvida mencionar que Mozart, bastante antes de la adolescencia, dominaba el latín, el francés, el inglés, el italiano y su alemán natal. Pronto aprendió a andar y a hablar, bailaba desde niño con maestría, era ingenioso, amigo de complicados juegos de palabras, despierto de entendimiento y con gran humor.

Mozart no necesitó mucha instrucción y no tuvo que seguir lecciones interminables: parecía poseer una facilidad natural; gozaba de predisposición genética que facilitó la adquisición de esos talentos. El padre de Mozart, Leopold, era un músico profesional y un notable violinista además de un excelente teórico de este instrumento. La hermana de Mozart, Nannerl, fue otro talento instrumentista (violín, piano), dotada de amplios conocimientos musicales. Cuando su padre descubrió el talento de su hijo —lo cual fue muy pronto— abandonó toda actividad para consagrarse con máximo celo a su educación. Por tanto, como en otros casos, hay que hablar de dotes naturales pero que no se hubiesen desarrollado de forma tan sobresaliente de no haber sido tan atentamente cultivadas en un medio idóneo.

Respecto a la genialidad, el planteamiento con mayor aval científico se denomina "modelo de los tres anillos" y defiende que la superdotación se produce por la conjunción de tres factores: un elevado desarrollo intelectual, una gran creatividad y una capacidad personal para involucrarse en las tareas. Mozart se acomodaría también con precisión a este modelo. Parecía no dudar prácticamente nunca, no cometía errores (ni armónicos, ni rítmicos). Su música fluía como al dictado.

Él mismo, mediante sus epístolas, fue capaz de ponerle algo de lógica a esa genialidad que hoy día continúa asombrándonos. Aquí les dejo muestra de su explicación mediante extractos de correspondencias.


“Poco puedo decir sobre esto, pues poco sé de ello y poco puedo contar. Cuando estoy completamente solo, en mí mismo, y de buen humor; es decir, en un coche viajando o paseando después de una buena comida o durante la noche cuando no puedo dormir, es en esos momentos cuando mis ideas fluyen mejor y con mayor abundancia. De dónde y cómo vienen, no lo sé; ni puedo forzarlas a venir.

Aquellas ideas que me gustan las retengo en mi memoria y tengo la costumbre de tararearlas para mí. Y si sigo haciéndolo, pronto se me ocurre cómo debo darles vueltas o cómo he de trabajarlas para hacer con ellas un buen plato, es decir adoptándolas a las reglas del contrapunto, a las condiciones peculiares de los variados instrumentos. Así mi alma se va inflamando y si nada me distrae el tema se ensancha, se construye y se define y el conjunto, aunque sea largo, se presenta completo, acabado de todo en mi mente, tanto, que puedo contemplarlo en una sola mirada como una hermosa pintura, como una bella estatua. No he de oír, en mi imaginación, las partes sucesivamente, sino todas a la vez, juntas. No hay palabras para describir tanta delicia. Toda esta invención, toda esta creación, se realiza como en un placentero y amable sueño. Ni siquiera la audición real lo supera. Una vez que lo he imaginado todo, no lo olvido fácilmente y éste es, acaso, el mejor de los dones que he de agradecer al Divino Hacedor.”

“Llegado el momento de escribir la obra, tomo del saco de mi memoria, si se me permite usar esta frase, lo que previamente era guardado en él. Por esta razón, el hecho de escribirlo en el papel es cosa fácil y rápida, pues ya está todo hecho y es muy raro que haya alguna diferencia entre lo escrito en el papel y lo que estaba en mi imaginación, en este trabajo no me importa que me distraigan, puedo escribir aunque estén yendo o viniendo a mi alrededor e inclusive puedo hablar.”

Lo dicho, genialidad = Mozart.







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