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Pennebaker y sus estudios sobre la escritura como herramienta para el bienestar






Escribir sobre cuestiones que nos crean desasosiego nos ayuda a sentirnos mejor. Esto es lo que confirman los estudios sobre el efecto sanador como terapia de la <>, algo que ha sido fundamento de las investigaciones de J. Pennebaker desde la Universidad estadounidense de Austin.

Revelan estas investigaciones que el ejercicio de expresar pensamientos y sentimientos desde la escritura puede ayudar mucho a quienes sienten síntomas de ansiedad o las consecuencias de alguna tragedia personal o estados depresivos,  enfermos de cáncer, esclerosis, pérdida cognitiva o enfermos con dolor crónico, entre otras dolencias. El denominador común está en que aquellos que escribían sobre sus problemas se sentían en general más felices, descansaban mejor, estaban convencidos de sentir más bienestar y de rendir más en sus actividades laborales o diarias.

El efecto positivo que tiene escribir a diario durante unos minutos parecería ser mucho mayor de lo imaginado jamás. Quienes expresaban su visión sobre cuestiones que les preocupaban, tenían menos razones para acudir a un facultativo por dolores físicos por lo que escribir rebajaba malestar somático ocasionado por intranquilidad psíquica.
El habla es un ejercicio que implica mucho más que únicamente enviar información entre interlocutores. Utilizar las palabras como herramientas para sanar ha sido utilizado desde muy antiguo por médicos y guías espirituales. La mejora llega por las palabras con la intervención del pensamiento y la reflexión. La palabra toma un papel crucial en el bienestar personal.
La escritura emocional expresiva te lleva a escribir una historia fabricando en tu interior, en tu mente una trama repleta de posibilidades, de emociones. El cambio es posible y al narrarlo concretamos haciéndolo más visible. Crear una historia distinta a la que se vive, convertir la intranquilidad en algo diferente y mejor. 

Lograr objetivos utilizando la sabiduría de Asia y la escritura.





En Asia existe un dicho << cada día contiene en sí la posibilidad de mejora >>


En la búsqueda de una meta, un propósito, un sueño.

Para no angustiarse por un resultado final que nos resulta lejano, primero hay que definir y concretar aquello que queremos lograr. Tú conoces bien tu mente y tu cuerpo, conoces qué es lo que te va bien y lo que no, así que busca aquellas herramientas que crees te harán lograr tu objetivo. Lo ideal es escribirlo, así concretarás mejor y lo verás más claro.

Una vez que tengas presente aquello que quieres conseguir, vete incorporándolo a tu día a día en pequeñas porciones, tan diminutas que te resulte ridículo no llevarlas a fin: unos pocos minutos al día.
Los cambios son más sencillos si haces que si dejas de hacer

En lugar de eliminar algo de forma drástica, introduce en tu vida esas modificaciones/porciones pequeñas y vete sustituyendo lo que quieres borrar de tu vida con aquello que quieres incorporar, poco a poco. 

No hay que obsesionarse con el objetivo soñado, hay que disfrutar de cada cambio en el presente, aquí y ahora. Pequeños cambios que generan grandes resultados.




No te conformes con lo que necesitas, lucha por lo que te mereces. 
Nunca es demasiado tarde para intentar conseguir aquello que de verdad deseas. 

Nunca.

(Fuente: Ishikawa - experto en Kaizen)

Son muchas las cosas que aún debo hacer: acabar de matar la memoria, procurar que mi alma se vuelva de piedra, y aprender de nuevo a vivir. Anna Ajmátova