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martes, agosto 9

HABLAMOS






Me gusta conversar con otras mujeres. Saboreo los minutos previos a una conversación de féminas, conocedora desde antes del inicio de tal acontecimiento, de lo gustoso que me resultarán esos minutos de tertulia. Disfruto muchísimo oyendo el parloteo, alegre y acelerado de esas amigas que se reencuentran tras muchos meses sin verse o, de aquellas cuasi hermanas que dejaron conversación a medias por falta de tiempo y que comparten vivencias, desde más allá de lo que puedan recordar. Me regocija observar a damas de cierta edad enunciando máximas vitales tras haber dejado atrás días, meses, años enteros, sobreviviendo a los oleajes, tempestades y resacas de toda una vida. Me resulta embriagador contemplar como las mujeres somos capaces de mirarnos sin pronunciar sílabas, transmitiéndonos de forma casi instintiva cualquier historieta que nos propongamos disertar, como muy bien representa de forma exagerada e hilarante, con gesticulaciones de rostro y movimientos de extremidades, el cómico canario Vieira. Da igual que se hable de temas triviales o trascendentales, de pedicura o manicura, de historia o cine, de cocina o limpieza, de arquitectura o literatura, da igual. Cualquier tema que planteemos llevará casi siempre aparejada risas y, en su defecto, lágrimas. Muchas mujeres son expertas en sentir empatía y esa facilidad para abrigar, interiorizar y hacer latir como propia la alegría o padecimiento ajeno, hace que nos hagamos confidencias inmensas, descomunales, extraordinarias. A las conversaciones de mujeres no les falta de nada: algunas son picantes, otras intelectuales incluso científicas, muchas arrastran y se sumergen en críticas ásperas al sistema, críticas a las formas, a la educación, al devenir de la historia, críticas a principios, a derechos y sobre todo, principalmente y de forma reiterativa, críticas a los hombres. A ese otro género sin el que no concebimos la vida pero al que tenemos la necesidad imperiosa de intentar modelar siempre a nuestro antojo para, según muchas piensan, “hacernos la vida algo más llevadera”, sabiendo generación tras generación de mujeres que constituye, tan sólo la tentativa, un “Craso e Inútil Equívoco”. Hablamos también de los niños indistintamente de haber tenido descendencia, bien como madres, como abuelas, como tías. Hablamos de la casa, para muchas una verdadera tortura mientras que para otras es su más preciado y querido refugio. Hablamos de enfermedades, venideras o llevaderas. Hablamos del vecino, del alcalde, del conserje y hasta del panadero. Hablamos de gimnasios, de nuevas disciplinas deportivas, de medidas efectivas para reducción de esa chicha o aquella pistolera. Ahhh! Y hablamos de dietas: de las de verduras, las de frutas, las de líquidos, las que limpian hasta la esclerótica, las del paleolítico , las anti colesterol, las macrobiótica, las del yoghourt y las del arroz, las de los tres días y las de los siete kilos. Sí. Definitivamente hablamos de Dietas. Y también del último modelo de auto: 4x4, descapotables, rancheras, de cuatro plazas, de cinco, de nueve, caravanas…coches al fin. O sobre las hipotecas, los préstamos, los avales, los intereses bancarios y los regalitos de catálogos por abuso y uso de las tarjetas de créditos. Hablamos de amores, de los de verdad. Amores pasados y presentes. Sentimientos vívidos y mortecinos. Hablamos de apegos, de ternuras, de caricias, del “Amor”. Hablamos de sexo, de experiencias, de interrogantes, de disfrute, de ganas y de desganas. Hablamos de infidelidades, supuestas o confesas. De ellos y de ellas. Hablamos desde la experiencia y en otros tantos momentos, desde el desconocimiento. Hablamos. Y de las arrugas. De las señas que el señor Tempo nos va dejando sin permiso, de las pieles de unas y de otras, de la importancia que tiene para unas y de la carencia de ella, para tantas otras. De la necesidad de volar, incluso sin emplear artilugios mecánicos que se acerquen a las nubes. De evaporarnos por días. De desaparecer por un tiempo, incluso de las ganas de morir que en momentos puntuales sentimos todas. Hablamos de las guerras y de la posibilidad de erradicar el mal. De los dineros y de donde invertiríamos los caudales públicos. Del hambre y de las muertes por hambruna. De nuestro retiro de descanso, de nuestros sueños. De poesía y de prosa. De aquel olor que nos dejó huella y de los dulces de madre que, con su falta, ya no se degustarán. Hablamos y, sobre todo y gracias a ese maravilloso don del verbo, de la palabra, de las muecas y los gestos ... sentimos y SOBREVIVIMOS. Y ya lo enunció Don José Saramago, el nobel portugués, en una de sus últimas conversaciones antes del adiós postrero: “El mundo se sostiene en su órbita gracias a las conversaciones de las mujeres”.



Sí, hablamos.





pEpA gLeZ







Foto: Kenyan women heating milk (google pic. Science Photo Library - From the book 'What I Eat: Around the World in 80 Diets' by Peter Menzel and Faith D'Aluisio)



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