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Tres son multitud.

Atrapar el sol. Un único deseo, invadir por completo el sol.  Su jornada se resumía en un intento infructuoso por conquistar el sol.  Día tras día, hubiese nubes o claridades, con ventoral o amainando Eolo.  Desde niño hasta que sus dientes dejaron de buscar enyesque.  Él, su vida, el sol.
No fue capaz de imaginar que si se lo hubiese pedido de frente,  si hubiese dejado brotar de sus labios el tal requerimiento, el sol se hubiese acomodado gustoso en la nasa.
Jamás pensó que la gran bola de oro,  luego de tantas mañanas viéndolo padecer por el inalcanzable propósito,  llegó a tomarles afecto, al pescador paciente y a su fiel sombra.
 Sombra que, de tanto llevarla a la marea,  desanudó con jeito el nudo de palangre apartándose de la chalana a largas brazadas,  liberándose al fin del carcelero de idea fija, acurrucándose sola y tranquila en brazos del añorado dorado.
Fin