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Octavio Paz - Niña



NIÑA - Poema de Octavio Paz



Nombras el árbol, niña.


Y el árbol crece, lento y pleno,

anegando los aires,

verde deslumbramiento,

hasta volvernos verde la mirada.



Nombras el cielo, niña.

Y el cielo azul, la nube blanca,

la luz de la mañana,

se meten en el pecho

hasta volverlo cielo y transparencia.



Nombras el agua, niña.

Y el agua brota, no sé dónde,

baña la tierra negra,

reverdece la flor, brilla en las hojas

y en húmedos vapores nos convierte.



No dices nada, niña.

Y nace del silencio

la vida en una ola

de música amarilla;

su dorada marea

nos alza a plenitudes,

nos vuelve a ser nosotros, extraviados.



¡Niña que me levanta y resucita!

¡Ola sin fin, sin límites, eterna!


(imagen pG)

QUE NO EXISTAS










Y casi prefiero que no existas. Por todas esas mañanas de despertares solitarios. Por las amanecidas sin ecos de risas en mi cuarto. Por cada uno de los días en que el silencio ocupaba las entrañas. Por aquellos momentos en que soñaba con tus palabras.

Creo que prefiero que no existas. Así las noches serían más descansadas. Los sueños meros recreos del alma. La vida pretérita jamás tendría el aspecto del ánima. Te borraría sin pausa hasta dejar tus recuerdos en nadas.

Seguro que prefiero que no existas. Así no rememoraría tu olor y tu aliento. La huella de tu calor jamás me hubiese rozado. Las manos que se unieron un día nada hubiesen notado. Y las esperanzas de un mañana caerían en vano.

Preferiría que jamás hubieras existido. Y fueses únicamente un anhelo de lo inalcanzable. Una ilusión de poemas y valiosos mensajes. Sólo un cuento que se leyó y convirtió en retales. Un personaje en papeles, un disfraz en carnavales.

Que no existieras. Y la sencillez regresaría. La tranquilidad retornaría. La vida se reanudaría.


Que tu imagen y tu recuerdo… no existieran.

Son muchas las cosas que aún debo hacer: acabar de matar la memoria, procurar que mi alma se vuelva de piedra, y aprender de nuevo a vivir. Anna Ajmátova