miércoles, julio 15

Me gusta que el tiempo pase.


Llego con puntualidad prusiana. Saludo cortésmente a los de mi entorno. Busco algo para leer porque una vez más olvidé el libro que destripo últimamente en mi coche. Echo un vistazo al horripilante revistero de mimbre, lacado en blanco, que tengo junto a los pies. Me decido por el magazine con el formato más apetecible, mientras espero el turno de entrada en la consulta de mi dentista. Una publicidad, estratégicamente estructurada para dañar, se lanza a propulsión hacia mi retina para luego andar por entre los pasillos de mi cabeza y torturarme durante al menos un brevísimo instante.

Contra el envejecimiento de las manos…. bla bla bla…. la nueva loción con extractos de…. bla bla bla………….evitando así el paso del tiempo……bla.

Unas manos que reflejan el fabuloso resultado del producto en cuestión, entre retoque fotográfico y falanges de quinceañera que con su juventud impúber trasmite una tersura brillante, provoca la mirada bobalicona de cualquier cuarentona desconsolada, o sea yo misma.
Me percato entonces de que han pasado del machaque psicológico con la temática reiterativa de “evita que los años pasen” o “pierde peso” o tal vez mantente siempre en la veintena”, a la coronación de la majadería, simpleza y mentecatez: intentar impedir que nuestras manos difundan la edad que el calendario nos otorga.


Miles de cremas anti edad, cientos de tratamientos para aislar y distanciar lo inevitable. Múltiples compuestos químicos, mixturas de todas las tonalidades y texturas, emulsiones de fragancias varias para: imposibilitar que la verdad aflore.

¡Qué ilógico y qué estúpido resulta si se analiza fríamente!

Envejecer es, desde cualquier punto de vista posible y sobre todo desde el más puro sentido común, haber tenido el privilegio de disfrutar la vida.

Hacernos mayores es sentir y palpar la esencia, la savia de nuestra existencia.

Alcanzar canas es haber tenido la ventaja de conocer, de reconocer y de aprender de lo vivido.

Dibujar arrugas en nuestros rostros y cicatrices en nuestras almas es prueba evidente de haber respirado, alguna vez, profundamente.

Cada muestra de flacidez en nuestro cuerpo, cada redondez en nuestra silueta, cada pliegue, cada marca y cada nueva sombra en la epidermis, es consecuencia de “haber estado vivo”.

Me niego a ponerle obstáculos a lo natural. Me rebelo ante todo lo que constituya el engaño al espíritu. Me opongo, me sublevo y protesto ante los que buscan imponer como máxima el reflejo de una juventud eterna. En definitiva, ante los que quieran prohibir el ser uno mismo.
Vivan los años; los signos del tempo; las historias propias; los recuerdos en la piel. Y no pido sino que reivindico, a quienes intentan borrar mi leyenda epitelial, que me dejen ver pasar los años incluso a costa de parecer añeja.


Mpepa

jueves, junio 25

Y QUÉ PASA SI........



Y qué.... si te levantas triste o te acuestas con un nudo en el estómago.
Y qué.... si parece que lo que tenía color ahora se torna oscuro y lamentablemente ausente.
Y qué.... si lo que hasta ayer te parecía indispensable hoy es molesto.
Y qué.... si prefieres ir sólo a tener que caminar cercano a alguien.
Y qué.... si en día de calor te refugias entre sábanas.
Y qué.... si todos van y tú decides quedarte.
Y qué.... si no sonríes cuando los demás encuentran gracias.
Y qué.... si te decantas por la poesía cuando el resto escucha música.
Y qué.... si te dices a ti mismo que no te gusta lo que ves o lo que piensan.
Y qué.... si te incorporas y te vas dejándolos a todos mirando.
Y qué.... si te enfrentas por fin para decir "basta".Y qué.... si lo mandas todo al diablo porque un día tuviste agallas.

Nadie dijo que fuera justa... la vida.
Nadie dijo que fuera eterna.... la vida.
Nadie dijo que todo sería suave.... en la vida.

La vida es una; la vida es tuya; la vida es para vivirla; la vida es eso VIDA.

Disfruta, patalea, grita o canta, llora, súfrela pero siempre vívela.  pepag

martes, junio 23

EN MEDIO DE LA OSCURIDAD

DESDE QUE SE APAGAN LAS LUCES; EN CUANTO TODO QUEDA EN SILENCIO; CON LA LLEGADA DE LAS SOMBRAS; CERRANDO LOS OJOS........... LA MENTE ME PRESENTA IMÁGENES Y VISUALIZO, COMO EN UNA ANTIGUA GRABACIÓN, LOS DETALLES: RETRATOS DE ESQUINAS, PAREDES, HIERROS, SOGAS, TIERRA, PLANTACIONES EN COLORES SEPIAS, NEGROS, GRISES, AZULES Y VERDES. CADA RINCÓN ME MUESTRA ALGO QUE RETENER PARA QUE JAMÁS SE BORRE DE LA MEMORIA. PARA PODER LUEGO MOSTRÁRTELA Y QUE NUNCA SE VAYA DE LA TUYA.
PARA QUE SIGA SIEMPRE EN EL ESTADO EN QUE LO DESCUBRÍ COMO UN RESTO ARQUEOLÓGICO O UN FÓSIL PREHISTÓRICO. COMO PARTE DE MI HISTORIA Y LA TUYA.




































sábado, junio 20

MALO, COMO CARNE PESCUEZO



A VECES, DE FORMA PUNTUAL, LA MALDAD NACE INHERENTE AL INDIVIDUO Y ESO ES IMPOSIBLE DE CAMBIAR. NO HABRÁ MEJORAS NI POSIBILIDADES DE REEDUCAR EN LA BONDAD A LA PERSONA RUIN. LO ÚNICO POR HACER ES DEJAR PASAR LOS AÑOS Y APARTARLOS AL OLVIDO, BORRANDO TODA SEÑAL DE SU EXISTENCIA. POR MÁS DURO QUE RESULTE HABRÍA QUE HACERLOS DESAPARECER PARA SIEMPRE.

RELATO CORTO
TÍTULO: "SIN SENTIDO"

“Un reformatorio no es lugar para un niño”. Si hubiesen hecho caso diez años a atrás a don Francisco, el cura del Barrio de la Librada, tal vez no hubiese ocurrido aquella desgracia.
Arcadio sólo contaba once años cuando fue internado en aquel lugar. Era travieso, no se ponía en duda, pero llegar a pensar que pudiese dañar en serio a alguien sólo por haberle prendido fuego a un aula del colegio “San Gabriel Romero”, era demasiado pensar. “Simplemente al niño no le gusta ir a clase”: decía su madre.
Su carilla angelical, su pelillo castaño alborotado, sus ojos de un claro color de almendras, sus simpáticas mejillas cubiertas de pecas. Por su aspecto jamás nadie hubiese pensado hasta donde aquella criatura podía llegar.
Su madre le había consentido en exceso y es que, en realidad, todo lo que Arcadio hacía le provocaba risas. “El niño es extrovertido”; “ el niño es ruinito como el tío Pablo”: comentaba su madre acordándose de las travesuras de su hermano menor. De esta forma justificaba todas las “no” tan pueriles acciones de Arcadio.
Cuando a la edad de ocho años le cortó el rabo al gato de Doña Azucena, la vecina del quinto, su madre le recriminó encerrándolo en su cuarto todo el fin de semana aunque en el fondo ella también pensaba que aquella espantosa bola de pelo, gorda y amarillenta estaba mucho mejor sin el rabo. Todo era cuestión de gustos.
Que a los nueve años, en la comida familiar de Semana Santa, le clavara un bolígrafo en el muslo derecho a su primo Enriquito había sido algo un poco más grave. Pero como siempre lo cubría su mamá. Esta vez era evidente que se debía a la animadversión entre los dos pequeños retoños. Su castigo de encierro de fin de semana, ahora se convertiría en encierro de semana completa.
Con su hermana tampoco había sido demasiado benévolo. Desde inculparla en travesuras ocasionales hasta atemorizarla con sólo un par de palabras.
Fue una pena que Arcadio se hiciese un hombre dentro del reformatorio. ¡es un entorno tan hostil!, solía murmurar don Francisco.
En realidad el reformatorio no había conseguido calmar la rabia que le crecía por dentro sino que la había incrementado, llegando a límites que ni siquiera él había llegado a imaginarse.
El día que se lo llevaron de casa para instalarlo en aquel centro de aislamiento, Arcadio ni siquiera se inmutó. Salir de su entorno y de los brazos de su madre se le dibujaba maravilloso, como un sueño convertido en realidad. La casa le asfixiaba. El regazo materno se le atragantaba. Aquella hermanita perfecta y sensiblera, le irritaba. Y su padre, su patético padre, le exasperaba. Tanto amor, respeto mutuo y felicidad hogareña era algo que lo supera.

Diagnóstico clínico: Psicopatía grave.
Esto plasmaban los informes y tests psiquiátricos con los que habían estado analizando aquella cabecilla impúber algo defectuosa.

Su madre lloraba desconsolada mientras don Francisco, el sacerdote, le profería palabras de esperanza. Se llevaban a su niño y ella no podía detenerlos. Aquellas bestias inhumanas sujetaban a su pequeño como si fuera un criminal. Esos indeseables lo separaban de ella por largo tiempo.
Su padre, en cambio, bajo una triste expresión de desasosiego escondía la esperanza de que al niño le arreglaran esa parte de su interior que tanto le inquietaba y que, muchas veces, tanto temía. Su hijo cada vez cometía mayores locuras y apoyándose en la protección maternal, se había transformado en el mismísimo demonio. Frío, manipulador, malévolo. Unas veces dócil e infantil y otras perverso y brutal.
Su padre se preguntaba a diario por el motivo de aquella actitud tan violenta o de sus cambios constantes de carácter, su continua negatividad, o su mirada de total desequilibrado. Todo estaba fuera de cualquier explicación lógica.
Doce años habían tenido que transcurrir para que Arcadio diera rienda suelta a sus intenciones. Doce años de meditaciones en silencio, de acatamiento de estrictas reglas de comportamiento, de controlar en todo momento sus más bajos impulsos. Todo ello con un único fin. El mundo exterior le esperaba y nada iba a impedir que llevase a cabo sus objetivos. Si consistía en aparentar cordura, lo aparentaría. Si deseaban que fuese disciplinado, lo sería. Si debía ser cortés y educado, lo asumiría. Todo con tal de salir de allí y hacer justicia, a su manera.
En el reformatorio le habían pegado, humillado, insultado. También en alguna encerrona lo habían sodomizado. Y luego fue él quien violó, apaleó y vejó con mayor salvajismo que ningún otro. Así lo dijo a su confesor. No buscaba el perdón divino, como pensaba don Francisco, tan sólo era un medio ameno de recordar sus actos, recreándose en lo que había hecho.
El sacerdote intentó por todas las vías posibles inculcarle un camino a seguir. Iba cada domingo a visitarlo, convencido al igual que su madre, que aquella semilla algo podrida podía convertirse en un hermoso árbol. Lo intentó y fracasó.
La mañana del veintidós de marzo de mil novecientos setenta y uno Arcadio decía adiós a su prisión. Su encarcelamiento había concluido y sus propósitos acababan de ser liberados.
Su madre fue a recogerlo a la hora prevista y se encontró de pronto con una persona extraña, a la que ni siquiera ella era capaz de reconocer. Aunque le había visitado con asiduidad, la expresión de la cara de su niño era distinta. Su semblante y su mirada reflejaban rabia. Ella lloró de nuevo con la misma intensidad con que había llorado aquel día en que lo separaron de su lado. Él no parecía conmoverse, despegándose de su lado al instante de sentirla cerca. Ella notó su odio y pensó que la vuelta a casa serviría para mejorarlo, para sacar de él su lado más tierno, su parte más humana, sin saber que su hijo había borrado todo resquicio de "persona" hacía tiempo.
Esa misma noche los hechos se fueron sucediendo a una velocidad vertiginosa, como en un mal sueño.
Arcadio entró en la habitación de su hermana. Se le acercó, la miró un instante y justo en el momento en que ella notando su presencia abrió lentamente sus ojos, él la estranguló con sus propias manos mientras contemplaba como se iba apagando hasta dejarla sin vida. Luego la miró relajado, centrándose en sus ojos; en aquella pupila dilata; en la estúpida expresión de impresión mezcla de miedo e impotencia. Se la veía tan poca cosa; tan insignificante como la recordaba.
Con una frialdad que sólo la locura puede otorgar, entró en el dormitorio de sus padres. Se sentó durante unos minutos para ver aquellos dos cuerpos que en breve dormirían inertes. Acuchilló a su padre primero, ante los gritos de terror de la madre. Aullidos que silenció con un fuerte golpe en la sien utilizando la lámpara de la mesilla de noche. Pensó que había sido más fácil de lo esperado. En unos pocos minutos su magnífico plan había concluido. Brevemente pero con tanta intensidad que podría volverlo a repetir mil veces más. Con más saña quizás. Con mayor concentración en los pequeños detalles. Disfrutando mucho más de los olores, sonidos e imágenes. Bello recuerdo para su mente enferma. Delicioso y único momento, pensaba.

Los bomberos llegaron ocho minutos más tarde para poner freno a las llamas del siniestro, hallando los tres cuerpos calcinados en el interior de un mar de fuego y humo.
Arcadio, sentado en el portal de la vivienda se miraba las manos ensangrentadas en total quietud, con una leve sonrisa en su rostro mientras la policía le apresaba y leía sus derechos. No opondría resistencia. Ahora se sentía bien. Esta vez su madre no reiría ni justificaría sus bromitas infantiles; esta vez nadie iba a pensar que aquello era la sinrazón de un niño. Esta vez, Arcadio había perpetrado un cruento crimen sin motivo aparente. Nadie iba a querer entender en esta ocasión.

El “sin sentido” no tenía interpretación posible.

En la misa dominical, únicamente, don Francisco se apiadó de su alma pecadora: “un reformatorio no es lugar para un niño”.


FIN
MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ

lunes, junio 15




BODEGA GERIA

LA GERIA ES CULTIVOS DE PARRAS Y ÁRBOLES DE HIGUERAS. ES PICÓN NEGRO Y VIENTOS ALISIOS. LA GERIA ES ÚNICA. INIGUALABLE. INCLUSO EN SUS BODEGAS LA BELLEZA DEL ENTORNO ES MÁGICA.



DEL GOLFO AL CIELO

LA ZONA COSTERA DEL GOLFO, JUNTO A FORMACIONES VOLCÁNICAS COMO LOS HERVIDEROS, MUESTRA CRÁTERES Y ESTRUCTURAS DE LAVA NEGRA Y ROJA EN PERFECTA MIXTURA CON LOS BLANCOS Y AZULES DE SUS ENCALADAS VIVIENDAS, CERCANAS AL MAR.
PURA POESÍA.



LA VIUDA DEL MARINERO

EN EL PUEBLO DE FEMES LA SRA. MEDINA ME CONTÓ UNA HERMOSA HISTORIA DE AMOR. HABLÓ DE LA PESADUMBRE QUE SENTÍA POR LA PÉRDIDA DE SU MARIDO; UN MARINERO DE PLAYA BLANCA QUE, ENTRE EMBARQUE Y EMBARQUE, LE TRAÍA CONCHAS DE LAS ORILLAS QUE VISITABA COMO MUESTRA DE SU PASIÓN POR ELLA.
LA VIUDA DEL MARINERO SONREÍA MIENTRAS RELATABA SU VIDA MEDIANTE ANÉCDOTAS.



TIMANFAYA
ATARDECER EN LA ZONA DE LA GERIA CON VISTAS A LAS MONTAÑAS DEL FUEGO ES RESPIRAR HISTORIA DE LOS PUEBLOS SEPULTADOS POR LA LAVA; ESCUCHAR LAS VOCES DE SUS MORADORES; IMAGINAR VIDAS; REMEMORAR AMORES Y RECORDAR DESPEDIDAS. TIMANFAYA ES MÁS QUE UN PARQUE NACIONAL. ES LA IDIOSINCRACIA DEL PUEBLO LANZAROTEÑO.

viernes, mayo 29

buscar consuelo





¡Cuánto se llora si se esfuma el aire que da aliento a los enamorados!
¡Con qué intensidad se sufre si el que se espera no deja recado!
¡Cuánto silencio atropella el alma si aún mirándote no te ven!
¡Con qué angustia caen las lágrimas cuando persigues y no alcanzas!
¡Cuánto estupor si entre sábanas adivinas y ya sólo imaginas!
¡Con qué ansias destrozas las huellas que quedaron del pasado!
¡Cuánto vacío en la sala si el calor que abrigaba se escapó por debajo del portón de entrada!
¡Con qué rabia se sueñan escenas que antes deleitaban!
¡Cuánto dolor acumulado entre gritos de desesperanza!
¡Con qué desamor se acarician luego las fragancias que un día exaltaban!
¡Cuánto tiempo perdido en sueños y promesas vanas!
¡Con qué desgana se vive si se piensa que no queda nada!

¡Cuánto por escarbar si se quiere arrancar la mancha!
¡Cuánto por hacer si se pretende recomponer las entrañas!

¡Cuánto por construir si la intención es sanear el alma!


Pepa

martes, mayo 26

Mirando Detalles

En cualquier lugar.
Desde el despuntar del día hasta el ocaso. Con luz clara y brillante. Con matices rosados y grises. Llegando la oscuridad.
Hacia el mar. Desde la montaña negra. Donde las palmeras. En donde baila el agua.
Cuando el viento sopla. En aquella esquina con brisa calma. Donde las banderillas de fiestas.
Lejos, hacia el sur. Próximo, en donde el fresco. Hacia las maderas húmedas. Entre hierbas y plantaciones.
Junto al cansancio. Cercano al callao que aún desprende calor. Evitando el sopor del aire cálido. Pintado de azules, blancos, verdes, ocres.
En medio de arenisca. Apoyada en el tronco viejo. Respirando. Vibrando. Viviendo.
Una cámara, unas manos y todo lo demás alrededor. Contemplando la esencia misma. Mirando detalles.
Pepa.





























































































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