viernes, marzo 19

Samvel Yervinyan y su violín

No creo que haya instrumento que pueda transmitir mayor belleza que un violín. Si además lo escuchamos sumergido en un mar de dulces notas arabescas, entonces el placer es doble. Y ver a mi hijo de cuatro años bailando y disfrutando de este fondo musical, mientras se deja embrujar por esta fabulosa pieza de virtuosismo, les aseguro que no tiene parangón.

martes, marzo 16

Monna Lisa


Ayer no estaba en su esquina habitual y me sorprendió. Durante el último año no creo que haya pasado un solo día sin que ella estuviera allí, en su hueco, como parte del mobiliario de la tasca de Juanra. Jamás pregunté su nombre. Me interesé por aquella mujer sin un fin concreto, como me fijaba en los adornos de lo alto de la barra o en los cuadros que colgaban de las paredes. Por el simple afán de imaginar biografías ajenas, historias de otros.


Me contaron que no hablaba con nadie. Que jamás vino acompañada. Que se acercaba tranquila hacia la barra justo a las ocho treinta de la mañana. Día tras día. Que pedía su café con unas gotas de coñac y tras pagar con dos monedas de cincuenta se desplazaba deslizando sus pies, o más bien arrastrando aquel cuerpo orondo, hacia la mesa de costumbre. El mismo ritual cada jornada, de lunes a sábado. El domingo no aparecía por la tasca. El séptimo día de la semana, la ausencia de esta misteriosa y solitaria mujer, dejaba algo huérfano al bar. Faltaba ella. La no presencia del relleno de la esquina del fondo, creaba una especie de vacío profundo mezcla de consternación y desaliento. Era curioso como su marcha proyectaba abandono.

Me relató el dueño de la tasca que hubo un día en que al aproximarse a la mesa de siempre, encontró a otros ocupando su espacio. Sin turbarse lo más mínimo bebió la tacita de brebaje en pie, mirando de frente a la pared del fondo donde los cuadros de pesca, para luego irse de forma sigilosa como si de una sombra se tratara. Nunca un conflicto. Ningún altercado. Nada. Solamente ella, su café, el asiento en la esquina y las horas pasando.

Aquella mujer era de formas redondas, caderas anchas, tobillos gruesos, vestimenta sobria. Tez serena de cachetes lisos y sonrosados, prietos. Cuello corto, espaldas fuertes. Busto rotundo. Lo habitual era verla andar cabizbaja y silenciosa. El cabello recogido en cola. Pequeños pendiente que colgaban invisibles justo detrás del pelo. Pero lo que más me llamaba la atención era la carestía, casi solemne y regia, de gestos en el semblante. Total inexistencia de expresividad. Ni sonrisas ni ojos lacrimosos. Sin muecas afables o gestos de cólera. Quizás algo de servilismo en los andares, como pidiendo clemencia en cada paso. Su cara recordaba el cuadro de La Monna Lisa. El rostro un mapa en blanco repleto de pequeñas grietas que fue dejando el tiempo. Un libro de hojas vírgenes, listo para que cualquiera diera rienda suelta a la imaginación y narrara su historia.

Y fue cuando la eché en falta que pude ver con nitidez su perfil, sus ojos, manos y silueta. Fui consciente, en ese segundo, de cuánto había conseguido esa mujer con su total mutismo. Nada más y nada menos que adentrarse y posicionarse como preferente entre las imágenes que retenía de forma inconsciente. Sencillamente estaba en mí. Ella junto a otros adornos de la tasca que bailaban libremente en mi cabeza. La Monna Lisa había logrado dejar su huella.


De pronto, el ruido de un taburete que cae me saca del ensimismamiento.

¡Coño! – vocalizó Juanra. Y sonó alto y fuerte, entre estremecimiento y desconcierto. Cogiendo resuello volvió a vociferar otro taco: “Carajo” . Y nos quedamos mirándolo, los de la barra y los de las mesitas de mármol, esperando que sus monosílabos se transformaran en frases coherentes que pudieran proporcionarnos algún indicio revelador. Algo que nos hiciera al fin partícipes del acontecimiento que tanto asombro le había producido.

Levantó el periódico que ojeaba sujetándolo con las dos manos, le dio la vuelta de forma lenta como siguiendo un ritual para no amedrentar a la clientela. Señaló con el dedo índice una columna al margen izquierdo de la página donde los sucesos y, allí estaba ella.

La misma Monna Lisa de la tasca del barrio pero diferente. Una mujer llena de calma y extraordinariamente bella. Esbozando la sonrisa más espléndida, deslumbrante, sincera y pletórica que jamás había presenciado. Ella pero distinta. Renovada. Como recién parida. Inmensamente feliz.
SUCESOS ~~ PARRICIDIO EN VEGUETA

Agentes de la Policía Nacional detuvieron ayer noche a la presunta parricida Juana M. P., una mujer de mediana edad que confesó haberle quitado la vida a su marido tras una discusión empleando una barra de hierro con la que le ocasionó lesiones craneoencefálicas graves, que tuvieron como fatal desenlace el fallecimiento de José R. G. Según los primeros indicios, la agresora habría sufrido maltrato físico y psíquico desde hace más de treinta años sin que se hubiese interpuesto denuncias por maltrato con anterioridad al suceso. La detenida ha pasado esta mañana a disposición judicial.
FIN
Pepa González

miércoles, marzo 10

DECISIONES

La vida es eso: una incesante toma de decisiones. A veces correctas y en ocasiones erróneas. Fundamentadas, normalmente, en un concienzudo razonamiento en busca de lo que nos conviene o lo que nos resulta menos doloroso para continuar viviendo.
Decisiones. Unas veces punzantes y otras, incluso, aliviadoras. Decantándonos por lo correcto, lo debido. Por aquello que deberá, a largo plazo, devolvernos a la perfecta línea recta sin demasiados riesgos que afrontar y con una visión de sosiego al final del pasillo, justo antes de llegar al portón de salida.
Decisiones. Algunas se perfilan como agujeros profundos, de color sombrío, en el interior. En lo hondo. Pozos que quedan cerrados, condenados de por vida para que no rebose el agua y nos salpique. Sí o no. Izquierda o derecha. Entro o salgo. Sentado o de pie.
Decisiones. Cada uno de los pasos que uno da en la vida, ocasionan reacciones en cadena y consecuencias que irán moldeando nuestra historia. Elegir esto o aquello. Estudiar esto o lo otro. Subir o no a aquel coche. Seguir o no con un sueño. Encontrar. Abandonar. Se quedan por el camino muchas incógnitas que jamás serán resueltas. Posibilidades que no tendrán un final. Oportunidades que pasarán rápidas en su vagón de tren mostrando con arrogancia la estela que deja su paso, para que sintamos que pudimos haber iniciado un viaje diferente pero que ya es tarde. Para mortificarnos.
Decisiones. Final o inicio. Blanco o negro. Quiero o no quiero.

Ni muy arriba ni muy abajo. Ni rápido ni lento. Ni pesadumbre ni euforia.
Que queden en calma mente y cuerpo.
Sin demasiados estragos.

Como casi siempre, mejor será elegir el Gris.

Pepa González

miércoles, marzo 3

Sobre Cristo, Guanches y otros temillas.



Siempre tuve susto al pensar en lo difícil que sería criar un hijo. Me cuestionaba, intranquila, cómo debía transmitirle todos los principios que me resultan vitales para una convivencia cívica. Enseñarle la forma cabal de actuación del ser humano ejemplar que me ronda como prototípico en mis conexiones neuronales. Inculcarle valores y modales que considero fundamentales para ser un individuo íntegro. Incluso ahora, al plantearlo por escrito, me parece harto complejo, nada fácil.
Y estas cavilaciones a cuenta de qué, se preguntarán ustedes. Pues porque tras haber concebido un hijo, tras cuidarlo, mimarlo y atenderlo diariamente, tras intentar educarlo de la forma más correcta, a la mayoría de los progenitores se nos presentan conversaciones complejas con nuestros infantes. No tanto por el contenido que llevan implícitos sino por el exhaustivo interrogatorio al que nos vemos sometidos cuando, al príncipe o princesa de nuestros castillos, se le introduce el gusanillo de la inquietud por el conocimiento entre ceja y ceja.
Algo así como les cuento a continuación, sucedió en mi coche camino del centro educativo en donde una piensa que deberían hacer frente a cualquier petición informativa que el menor tenga la sana intención de esclarecer:


Alonso: ¿Mamá?
Yo: ¿Dime Lindo? - Y me voy poniendo en guardia porque el tono me lo conozco.
Alonso: El señor ese viejito que está colgado en una cruz, ¿por qué lo colgaron? – Ustedes ya saben a quien está haciendo mención, ¿verdad?Yo: Pues porque dijo unas cosas que no gustaron y lo castigaron colgándolo en la cruz. – Y me quedé tan ancha e ilusa, esperando que el niño siguiera oyendo la música de la radio y en silencio. He dicho bien…. ILUSA.Alonso: ¿Y qué cosas dijo, mamá? – Agárrense el interrogatorio.Yo: Dijo que la gente debía ser mejor, más buena, quererse mucho y ayudar a los demás. – Me salió de catequesis.Alonso: Y si dijo todo eso ¿por qué lo colgaron, mamá? – Ay Dios mío. Ya empezamos.Yo: Pues porque la gente que mandaba no estaba de acuerdo con lo que él iba diciendo al pueblo. – Dos a uno para la mamá. Ja! ILUSAAlonso: ¿A qué pueblo, mamá? ¿Un pueblo igual que Uga o igual que Arrecife? – Lo dicho, agárrense.Yo: No corazón. Me refiero a la gente, también se les llama pueblo a la gente. – ¡Qué no empiece!Alonso: ¿Por qué mamá? – Me lo temía.Yo: Porque también se llama pueblo a un grupo de personas, Alonso. Eso dice el diccionario. – ¡Toma ya!Alonso: ¿Qué diccionario mamá? – Oh….no .Yo: El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que es el que yo conozco y donde están las palabras que utilizamos para entendernos y hablarnos en España. – Quedó claro, ehh.Alonso: Y ¿Por qué lo colgaron mamá? – Oh, Dios mío.Yo: Ya te dije corazón. Porque dijo cosas que no gustaron a los que mandaban.
Alonso: ¿Y quiénes mandaban, mamá?
Yo: Pues un grupo de políticos y de guardias, o sea, de policías. – Me estoy liando fijo.Alonso: Ahh! Entonces ¿los políticos y los policías no eran buenos? – Ay, ay, ay.Yo: No eran malos Alonso. Lo que pasa es que llega Jesús, el de la cruz, con sus ideas revolucionando al pueblo y eso no gustó a los que mandaban que eran políticos y que tenían el apoyo de los policías para que hubiese orden en el pueblo. – Menuda explicación para un niño de cuatro años.Alonso: ¿Y qué es revolucio….. eso? ¿Y tener orden es como en el colegio cuando hacemos las Asambleas?
Yo: Pues re-vo-lu-cio-nar es hacer que la gente del pueblo lo escuche y que se comporte de forma diferente a como lo estaban haciendo. La gente empieza a creer en lo que Jesús les dice y piensan que tiene razón. Se vuelven en contra de los políticos y quieren actuar de forma distinta, siguiendo las ideas de Jesús. Jesús fue un día a un mercado. Ummm. Mira, imagínate que Jesús entró en un supermercado, no le gustó lo que vio y los precios tampoco. Se enfadó, gritó y luego tiró las mesas llenas de mercancías que se vendían allí. Y si lo piensas bien, pues él tampoco puede ir por ahí tirando lo que encuentra a su paso porque no le guste lo que ve. ¿Tú entrarías en un super y tirarías las cosas porque el precio no te gusta o te parece muy caro? Pues no. Entonces vinieron los policías, se lo llevaron y luego lo castigaron colgándolo en la cruz. Y sí, orden es lo que pasa en tu clase cuando hacen las Asambleas y todos están quietitos y sentaditos escuchando a la profesora. – Me voy a cortar las venas.Alonso: ¿Y se murió?
Yo: Sí, se murió y está en el cielo. – Por fin parece que se acabó.Alonso: ¿Jugando con Paye y con Don Alfonso a la baraja?
Yo: Sí, con Paye y Don Alfonso pero jugando al Dominó que les gusta más.


Pasamos frente a una vivienda con dibujos de pintaderas canarias en el exterior.


Alonso: Mamá ¿y qué son esos dibujos de la pared? – Bien, cambio de tercio.Yo: Son pintaderas canarias. Son pinturas que hacían los guanches que eran las gentes que vivían en las islas, en Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife, Fuerteventura (son las que él conoce) en la época de los dinosaurios (sus animales preferidos). En vez de escribir como nosotros hacían dibujitos como esos para decorar piedras, cuevas…. Era la forma que tenían de escribir hace mucho, mucho tiempo y de hacer arte. - Me quedó de libro eh?Alonso: ¿Y por qué no sabían hacer la A de Abeja y la C de coche como yo? – Por Dios, ¿por qué no hemos llegado ya al colegio?Yo: Pues porque ellos escribían y hablaban diferente, como se hablaba en el norte de África que es lo que nos queda más cerquita, hasta que llegaron por barco los conquistadores: romanos, fenicios, portugueses, españoles y porque no tenían una profesora que les enseñara. Luego les enseñaron a hablar castellano como a ti y también a escribir las letras.
– Como tenga que darle una clase de historia antigua sobre el Archipiélago Canario llegaré con estrés al trabajo.Alonso: Mamá ¿podemos hablar de las palmeras? ¿Por qué hay unas gordas, otras flacas, otras altas y otras bajas? ¿De dónde vienen las palmeras? ¿Las palmeras dan plátanos? ¿Por qué tienen tantas hojas? Mamá ¿Son todas verdes o hay de colores distintos? Mamá? Mamá? Mamá?

Y yo pensé…. Ahora tendré que hablar con mi cuñado Leandro, el ingeniero agrícola, para que me dé una clase magistral de las palmeras y poder hacer frente al nuevo interrogatorio sobre flora, dándole una explicación condensada a mi querido micro flash-memory que espera con ansias impregnarse con más información sobre el mundo que le rodea.
Sólo espero que no pase de la flora a la fauna porque ahí sí que me cogería verde como a los olivos. Madre Paciencia, apiádate de mí.



Pepa González

lunes, marzo 1



Inauguración de Espacios Abiertos en Las Palmas de Gran Canaria, viernes dia 5 de marzo a las 20,00 h en la sala de exposiciones del Gran Canaria Espacio Digital (en la zona de Schamann).

http://www.fotografiaencanarias.com/inicio.asp?tipo=ea

http://www.fotografiaencanarias.com/

jueves, febrero 25

Despierta la mañana en el campo conejero.












Dicen que despertar al alba es llenarse de vida, de alientos de creación.
Dicen que ver salir al astro sol, renueva energías y limpia el espíritu.
Dicen que tener la suerte de ser partícipe del gran acontecimiento que es el inicio del día, colma de dicha y cura cualquier aflicción.
Dicen que las sombras se disipan para dejar paso a lo esencial, a lo único y verdadero: la magia de la luz.
Y yo, doy las gracias a dioses, meigas, brujas, gnomos, hechizos, conjuros y rezos por dejarme presenciar tanta belleza a la alborada.
Por dejarme entrar en su efímero y gélido abrigo convirtiéndome en una gota más de rocío; en una de esas piedras del borde del camino; en una brisa temprana; en parte de este espectáculo de color, luz y sombras.
Pepa González

jueves, febrero 4

En el antiguo Egipto llamaban a la Bibliotecas "el tesoro de los remedios del alma". Se curaban en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás.



El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

Miguel de Cervantes Saavedra



Un libro abierto es un cerebro que habla.

Cerrado un amigo que espera.

Olvidado, un alma que perdona.

Destruido, un corazón que llora.

(Proverbio hindú)


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