sábado, octubre 3

El enlace





Mañana será el día más importante de mi vida. Quince de noviembre. Una fecha elegida por los dos desde hace casi un año. En la mitad de nuestro mes. Noviembre. Lo conocí en noviembre. Un día fresco y gris, lleno de nubarrones acompañados de brisas ligeras y refrescantes. Adoro noviembre.
Después de esta noche, pasaré cada noche junto a él. Dentro de unas horas todos mis sueños se tornarán realidad.

Mª Adela Muñoz señora de Medina. ¡Qué bien suena!

Estoy nerviosa. Apenas pude conciliar el sueño. Tantos y tantos detalles que, en este momento, no sé exactamente en dónde dejé la cabeza. Papeles. Idas y venidas. Pruebas del traje color marfil que llevaré al altar. Los zapatos con adornos de perlas. La pinza para el pelo con cristales de zwarovski. La ropa interior de encaje. El liguero. La enagua larga. Medias de seda. El perfume.

Creo que está todo. Espero que lo esté.

Soy muy feliz. Desde que me pidió matrimonio, una tonta alegría me ronda creando una aureola a mi alrededor visible para todo el que me tropieza. A mis veintiocho pensé que me quedaba para vestir santos. Tiempo atrás me imaginaba rellenando horas con trabajo, libros y aficiones para así reemplazar la carencia de marido e hijos.
Hijos. Quiero tener muchos. Me encantan los niños. Espero tener varios varones y, por lo menos, una hembra. Estoy ansiosa por ser madre. Sólo imaginarlo me pongo eufórica.
Ahhh mañana! El gran día, el esperado. Voy a escribir mis votos matrimoniales. A ver…. algo así:

Como árbol vigoroso en plena primavera así será mi amor por ti
Como río de amplios cauces así será mi pasión por ti
Como cielo limpio y claro así será mi verdad por ti
Como estrellas perpetuas en el firmamento así será mi devoción por ti.

Ay! Creo que le gustará. Estoy segura. Él sabe que gracias a su presencia respiro y vivo. ¡Es tan grande nuestro amor!

Espero que Ángeles haya ido a la iglesia con las flores. Los adornos florales tienen que estar perfectos. Rosas blancas en perfecta combinación con la hiedra. Unas, junto al altar. Otras, a lo largo del pasillo principal. Donde los salientes de las columnas del fondo. También pétalos blancos en el recorrido.
El arroz. Qué no olvide mi hermano el arroz. Él siempre tan servicial y lindo. El benjamín de casa. Él y yo, como uña y carne. No se olvidará de los saquitos de arroz. No quiero pétalos de rosas que luego, si no son blancas, me mancharán el traje y eso sí que no. Mi traje vivirá, tras pasar por la tintorería, por siempre en su preciosa caja. Como si fuese una pieza de museo. Para el recuerdo. Para mi hija, si la tengo. Seguro que sí. La tendré. ¿Por qué no iba a tenerla?

El cóctel en casa de papá y el almuerzo en los jardines. Sé que estarán perfectos. Se encargará Francoise. Es imposible que salga algo fuera de lo planificado. Es el mejor organizador de eventos de la capital. A papá le ha salido un ojo de la cara pero… por su hija… lo que sea. ¡Tengo un padre que vale un Potosí!

Y por la iglesia. Como mandan los cánones. Ante el divino. Un sacramento para toda la vida. O por lo menos eso es lo que imagino que será mi boda con él. Para siempre.
¡Qué grande es mi amor por él y el suyo por mí! Será para el resto de nuestras vidas. Sin duda.

El peinado. Hoy tiene que venir Antonia. Me dijo que a eso de las once. Como se retrase no sé qué le digo. Todo menos… bonita. No quiero que por su culpa llegue a retrasarse la boda. ¡Por dios, qué nervios! Al final le pedí un recogido italiano. Mi pelo es ideal para ese recogido. Los adornos de cristal a los lados y algo de flequillo tipo Audrey Hepburn. Exquisita y sencilla a la vez. Un sueño.

Llevaré la pulsera de mi abuela. La de brillantes. Los anillos los traerá Alfonso, uno de los testigos. En oro con la inscripción SEMPER. Siempre; por siempre; entregados el uno al otro eternamente.
Así será esta unión. Imperecedera. Perenne.

Me pondré el velo. Quiero ver, otra vez, que tal me queda. El velo crea distinción. La abuela siempre me lo dijo. Además el mío es de hace más de cincuenta años. Elaborado con encaje de forma artesanal. Lo han llevado ya cuatro novias, contando conmigo. Es largo y cae por la espalda hasta la cola del vestido. Termina como en círculo sobre el suelo. Es una auténtica reliquia y como tal, un adorno único e irremplazable. Me encuentro realmente bella con él. Deslumbrante. Le va a encantar.

TOC-TOC-TOC.

La puerta suena de forma insistente. Una mano la abre girando el pomo y se adentra en la habitación. Primero un carro metálico. Luego unos zuecos blancos desgastados en su parte posterior. Una mujer, con rostro afable y mirada tierna, sonríe y se deja oír diciendo:

Pero Adelita, corazón mío….. ¿Otra vez la sábana sobre la cabeza? ¿Pero cuántas veces vas a repetir el ritual del velo?
Que noooooo. Hoy no te casas….. No es quince de noviembre…. Tampoco están esperándote ni va a venir la peluquera.
Pero reina mía, que van ya muchos años con esta traquina tuya. No hay párroco, ni flores, ni vestidos blancos.
Anda … anda… déjate de majaderías y tómate tus pastillitas que si no lo haces ya sabes como acabamos y, por lo que estoy viendo, otra vez hiciste el truquito ayer tarde.
Ay! Adelita. Mira que te empecinas con tus cositas. Venga Adelita. Pórtate bien. Tómate la roja y la blanca con el zumo de melocotón. Bien. Primero estas dos y ahora la otra, la de color naranja con lo que te queda del zumo. Además tienes a tu hermano esperándote abajo, donde el jardín. Ya sabes que está muy mayor.
Venga. Anda..…. Guapísima. Dame esa sábana que la coloco de nuevo.
Adelita, Adelita.
Mira que hacerlo otra vez. Ya perdí la cuenta contigo. Ya estás muy mayor para estos quehaceres.
¡Qué obsesión y qué berrinche con lo de la boda! Te habrás casado mil veces ya.
Ay… mi Adelina, corazón mío. Guapa.


Y la puerta se cierra de forma sigilosa, como para no amedrentar. Con calma. Como todo en aquel hospital psiquiátrico.

Sólo una voz en tono muy bajo, casi muda, se escucha en la habitación de Adela repitiendo una frase de forma constante:

“A esta chica no la quiero como dama de honor. No es bienvenida en mi boda. No señor. No la quiero.”


Mpepa.

martes, septiembre 22

Plegaria por Don Alfonso Machín, vecino de Uga



Por sus hijas, por su hijo Ramón, por sus nietos que tuvieron la suerte de tenerlo y agasajarlo, por todos los que le queríamos.



A MÁS VER, CABALLERO


Al fondo a mano izquierda. Donde los rosales altos de color blanco roto. En aquella puerta pintada de verde campo conejero. Junto a la ventana de visillos azulones. Allí. En aquel rincón con sombra fresca. En aquella esquina con el número cuatro.

Ese era el sitio de Don Alfonso. Su casa en los últimos tiempos. Su retiro sereno entre flores.

Don Alfonso. Ilustre en nombre. Caballeroso en porte. Fácil en verbo. Trato gentil. Amabilidad y gratitud a raudales.

Don Alfonso. El vecino galante. El hombre llano, correcto, culto. El repostero que, de cuando en cuando, nos regalaba sus deliciosos dulces: mimos, mantecados, bollos de anís.

El hombre de campo que cuidaba con esmero sus tomates, sus cebollas, sus parras. El octogenario con espíritu jovial. El narrador incansable de épocas menos violentas, más respetuosas. El cariñoso viejito que escuchaba coplas y boleros cada sábado amenizando el callado silencio de un pueblo ahora afligido.

Don Alfonso. El chófer. El conductor de guaguas de toda la vida. El trabajador incansable. El hombre bueno que adoraba a su compañera María, a la que despidió con melancolía.


¡Ojalá me vaya pronto con ella! - me dijo en una ocasión. ¡Ojalá que no sea muy tarde!

Y así quiso Dios que fuera.

Don Alfonso Machín. Descansó un día domingo, como los hombres sabios. Decidió que el séptimo día era el más propicio para claudicar ante su dolencia. Se deslizó suavemente hasta llegar al otro lado de la puerta grande, reencontrándose al fin con la mujer que le acompañó toda su vida. Con su María.


Adiós. Hasta luego. Hasta la vista. Con Dios. A más ver Don Alfonso Machín. A más ver.....


Pepa González

domingo, septiembre 13

Las cosas de Alonso



Ayer tuvimos tragedia turca en Uga City.
Día triste y aciago para mi vástago por el fugaz fallecimiento de su pescadito Nemo2. Un pequeño animalito acuático, diminuto, de unos dos centímetros de longitud y coloración ambarina, que llegó a casa tras varios días de insistencia de mi chiquillo para que Nemo1, su primer pez ganado en una feria e inicialmente bautizado CASADEMIKYKAUS, tuviese un compañero de correrías.

El insignificante pescadito amarillento quedó flotando sobre el agua verdiazul de la pecera a la semana de afiliarse a nuestra microfamilia, dando signos evidentes de expiración por lo que mi hijo quiso prepararle el debido funeral a modo de despedida. Un adiós entre lágrimas y plegarias al altísimo para que lo resucitara o, en su defecto, tuviera a bien enviarnos otro de igual apariencia.
Y ¿cómo quitarle al enano de la cabeza que el bicho no aterrizó del cielo y sí de la abarrotada, apestosa y laberíntica tienda de animalitos de compañía, en donde me agencié aquel escuálido “pet”, quiero decir, AL POBRECITO NEMO2?

Pues eso, que mi hijo dejó caer aguaceros entre gemidos, sollozos y lamentos invadido por la angustia. Y la madre “moi”, tras entregarle palabras de consuelo y alguna que otra reflexión aclaratoria del origen de las bienvenidas y las despedidas con la sana intención de salir del atolladero terminó, muy a mi pesar, prometiendo nuevos Nemos2 más fuertes, valientes, grandes y de aletas veloces, dejando al menor contento y libre de intranquilidades.

Pero lo interesante vino a posteriori. Quedando ya relajado el infeliz Alonso y metido de lleno en otros asuntos, es decir: pintar la mesa de estudios dibujando intentos de nubes y soles de diferentes tallas (recuerden que aún no cumplió los cuatro), comenta en voz alta:

¡Me da pena que paye no venga! (paye, mi padre, su abuelo, Manolo González el Belga, nuestro paye)
¡A mí también me da pena cariño! – le contesto con tristeza.
Sigue Alonso en su meditación: ¡Paye está en el cielo! - afirma seguro
Sí lindo mío, está en el cielo con las estrellas - Le corroboro.

Pausa; silencio absoluto y otra cavilación que fluye:

¡Nooooo mamaaaaaá! ¡Paye está en Fuete-vetura-lavieja!
Fuete-vetura-lavieja ¿??? ¿Y eso dónde es, lindo? - le pregunto algo curiosa.
Al lado de Fuete-vetura-lanueva, mamá. Fuete-vetura-lavieja es donde está más gente viejita y ya no vuelven más a Fariones. Fuete-vetura-lavieja está cerca de Fuete-vetura-lanueva…. Donde están los animalitos y las jirafas (ahora habla mi Lonchito del Oasis Park en el Sur de la isla vecina, su olimpo particular).
Ahhhhhhhhhh! - le contesto yo, entre carcajadas y penita por el recuerdo de paye.

Fuete-vetura-lavieja, es decir, la isla de grandes extensiones de playas de arenas blancas y cristalinas aguas. El remanso de paz soñado como máximo exponente del descanso seguro y a ojos de mi pequeño Alonso, el Edén ideal para que su abuelo descanse entre “gente viejita”. El único lugar en donde puede visualizar a su abuelo plenamente feliz; tan contento que ya no querría volver jamás a su casa. Tan encantado de haber dado el salto a la otra orilla que tendríamos que seguir viviendo con su ausencia.

¡Fuete-vetura-lavieja , al lado de Fuete-vetura-lanueva!

Y en ese momento me doy cuenta de la falta que paye le sigue haciendo al niño, a mí. De lo mucho que asimila y retiene el enano cuando uno enuncia afirmaciones, como suele hacer la madre cuando habla del sueño de trasladarse algún día a la isla vecina para vivir un año de pausa. De la facilidad con que el niño hace síntesis de ideas y enlazando comentarios identifica el lugar en donde su madre es feliz con el mejor sitio de descanso para el patriarca, ubicándolo junto a otros añejos en conversación distendida y diciendo nones al regreso.

¡Ay sus ay! – como diría paye a modo de suspiro léxico sacado de su enorme repertorio de expresiones canarias.

Y todo a resultas del paso a mejor vida de Nemo2. Rest in peace, little fish.
Pepa González

jueves, agosto 27

Vivir en verde

De entre todos los colores siempre he preferido el verde.
En cualquiera de sus tonalidades, gamas o matices y con preferencia de los brillantes.
El verde de la naturaleza; el verde de un fruto mojado, el verde de un insecto o reptil; el verde de trigales en crecimiento; el verde de un charco en el mar; el verde de un manto de aceitunas; el verde de unos ojos de gato; el verde de la esperanza.
Y tengo que agradecer que el color verde me rodee a diario. Desde los ventanales de mi despacho que proyectan una magnífica puesta en verde, hacia helechos de enormes dimensiones, hasta la panorámica desde mi dormitorio que refleja la elegancia de flamboyanes verdes en plena floración.
El verde y sus múltiples poderes curativos: fortaleza, equilibrio físico y psíquico, calmante para la mente y tónico para los nervios.
En presencia de un paisaje en verde se tiene sensación de serenidad, de paz, de sosiego.
Saludables dietas verdes que incrementan las defensas y dan vigor a las pieles; tés verdes para rejuvenecer epidermis; jade verde para atraer la fertilidad y la abundancia; la piedra esmeralda que nivela emociones; el color verde del medioambiente y el reciclado ecológico; el verde de una hoja de trébol símbolo de la verde Irlanda y sus impresionantes y generosos prados; verdes acantilados con sonidos de gaitas en la zona Astur; magníficas y verdes plantaciones de arrozales en islas asiáticas; portentosos verdes bosques con vientos de galopes de cowboys; atractivas y verdes selvas a los pies del amazonas; la zona austral y sus verdes praderas que alimentan ganados; verdes orillas a pie de cataratas en el corazón del África negra; verdes y altas hierbas en los lagos que inundan la verde Europa imperial.
El verde de la vida y del futuro prometedor.
Y yo, inmersa en un baño de este sublime y bello color y todos sus extraordinarios beneficios, medito sobre la posibilidad de ser todos algo más verdes: ver más la vida en esta tonalidad, vivir conforme al espíritu que proclama, sentir y respirar según sus pautas, entregarnos a una existencia llena de este sorprendente color
para SER en vez de PRETENDER, para LOGRAR en vez de PERSEGUIR, para realmente ESTAR en vez de APARECER.
Definitivamente
Que viva el verde / que visqui el verd / maireachtála glas /yeşil yaşam / vida verde /groen lewe / de viaţă verde.
Pepa González

miércoles, julio 15

Me gusta que el tiempo pase.


Llego con puntualidad prusiana. Saludo cortésmente a los de mi entorno. Busco algo para leer porque una vez más olvidé el libro que destripo últimamente en mi coche. Echo un vistazo al horripilante revistero de mimbre, lacado en blanco, que tengo junto a los pies. Me decido por el magazine con el formato más apetecible, mientras espero el turno de entrada en la consulta de mi dentista. Una publicidad, estratégicamente estructurada para dañar, se lanza a propulsión hacia mi retina para luego andar por entre los pasillos de mi cabeza y torturarme durante al menos un brevísimo instante.

Contra el envejecimiento de las manos…. bla bla bla…. la nueva loción con extractos de…. bla bla bla………….evitando así el paso del tiempo……bla.

Unas manos que reflejan el fabuloso resultado del producto en cuestión, entre retoque fotográfico y falanges de quinceañera que con su juventud impúber trasmite una tersura brillante, provoca la mirada bobalicona de cualquier cuarentona desconsolada, o sea yo misma.
Me percato entonces de que han pasado del machaque psicológico con la temática reiterativa de “evita que los años pasen” o “pierde peso” o tal vez mantente siempre en la veintena”, a la coronación de la majadería, simpleza y mentecatez: intentar impedir que nuestras manos difundan la edad que el calendario nos otorga.


Miles de cremas anti edad, cientos de tratamientos para aislar y distanciar lo inevitable. Múltiples compuestos químicos, mixturas de todas las tonalidades y texturas, emulsiones de fragancias varias para: imposibilitar que la verdad aflore.

¡Qué ilógico y qué estúpido resulta si se analiza fríamente!

Envejecer es, desde cualquier punto de vista posible y sobre todo desde el más puro sentido común, haber tenido el privilegio de disfrutar la vida.

Hacernos mayores es sentir y palpar la esencia, la savia de nuestra existencia.

Alcanzar canas es haber tenido la ventaja de conocer, de reconocer y de aprender de lo vivido.

Dibujar arrugas en nuestros rostros y cicatrices en nuestras almas es prueba evidente de haber respirado, alguna vez, profundamente.

Cada muestra de flacidez en nuestro cuerpo, cada redondez en nuestra silueta, cada pliegue, cada marca y cada nueva sombra en la epidermis, es consecuencia de “haber estado vivo”.

Me niego a ponerle obstáculos a lo natural. Me rebelo ante todo lo que constituya el engaño al espíritu. Me opongo, me sublevo y protesto ante los que buscan imponer como máxima el reflejo de una juventud eterna. En definitiva, ante los que quieran prohibir el ser uno mismo.
Vivan los años; los signos del tempo; las historias propias; los recuerdos en la piel. Y no pido sino que reivindico, a quienes intentan borrar mi leyenda epitelial, que me dejen ver pasar los años incluso a costa de parecer añeja.


Mpepa

jueves, junio 25

Y QUÉ PASA SI........



Y qué.... si te levantas triste o te acuestas con un nudo en el estómago.
Y qué.... si parece que lo que tenía color ahora se torna oscuro y lamentablemente ausente.
Y qué.... si lo que hasta ayer te parecía indispensable hoy es molesto.
Y qué.... si prefieres ir sólo a tener que caminar cercano a alguien.
Y qué.... si en día de calor te refugias entre sábanas.
Y qué.... si todos van y tú decides quedarte.
Y qué.... si no sonríes cuando los demás encuentran gracias.
Y qué.... si te decantas por la poesía cuando el resto escucha música.
Y qué.... si te dices a ti mismo que no te gusta lo que ves o lo que piensan.
Y qué.... si te incorporas y te vas dejándolos a todos mirando.
Y qué.... si te enfrentas por fin para decir "basta".Y qué.... si lo mandas todo al diablo porque un día tuviste agallas.

Nadie dijo que fuera justa... la vida.
Nadie dijo que fuera eterna.... la vida.
Nadie dijo que todo sería suave.... en la vida.

La vida es una; la vida es tuya; la vida es para vivirla; la vida es eso VIDA.

Disfruta, patalea, grita o canta, llora, súfrela pero siempre vívela.  pepag

martes, junio 23

EN MEDIO DE LA OSCURIDAD

DESDE QUE SE APAGAN LAS LUCES; EN CUANTO TODO QUEDA EN SILENCIO; CON LA LLEGADA DE LAS SOMBRAS; CERRANDO LOS OJOS........... LA MENTE ME PRESENTA IMÁGENES Y VISUALIZO, COMO EN UNA ANTIGUA GRABACIÓN, LOS DETALLES: RETRATOS DE ESQUINAS, PAREDES, HIERROS, SOGAS, TIERRA, PLANTACIONES EN COLORES SEPIAS, NEGROS, GRISES, AZULES Y VERDES. CADA RINCÓN ME MUESTRA ALGO QUE RETENER PARA QUE JAMÁS SE BORRE DE LA MEMORIA. PARA PODER LUEGO MOSTRÁRTELA Y QUE NUNCA SE VAYA DE LA TUYA.
PARA QUE SIGA SIEMPRE EN EL ESTADO EN QUE LO DESCUBRÍ COMO UN RESTO ARQUEOLÓGICO O UN FÓSIL PREHISTÓRICO. COMO PARTE DE MI HISTORIA Y LA TUYA.




































sábado, junio 20

MALO, COMO CARNE PESCUEZO



A VECES, DE FORMA PUNTUAL, LA MALDAD NACE INHERENTE AL INDIVIDUO Y ESO ES IMPOSIBLE DE CAMBIAR. NO HABRÁ MEJORAS NI POSIBILIDADES DE REEDUCAR EN LA BONDAD A LA PERSONA RUIN. LO ÚNICO POR HACER ES DEJAR PASAR LOS AÑOS Y APARTARLOS AL OLVIDO, BORRANDO TODA SEÑAL DE SU EXISTENCIA. POR MÁS DURO QUE RESULTE HABRÍA QUE HACERLOS DESAPARECER PARA SIEMPRE.

RELATO CORTO
TÍTULO: "SIN SENTIDO"

“Un reformatorio no es lugar para un niño”. Si hubiesen hecho caso diez años a atrás a don Francisco, el cura del Barrio de la Librada, tal vez no hubiese ocurrido aquella desgracia.
Arcadio sólo contaba once años cuando fue internado en aquel lugar. Era travieso, no se ponía en duda, pero llegar a pensar que pudiese dañar en serio a alguien sólo por haberle prendido fuego a un aula del colegio “San Gabriel Romero”, era demasiado pensar. “Simplemente al niño no le gusta ir a clase”: decía su madre.
Su carilla angelical, su pelillo castaño alborotado, sus ojos de un claro color de almendras, sus simpáticas mejillas cubiertas de pecas. Por su aspecto jamás nadie hubiese pensado hasta donde aquella criatura podía llegar.
Su madre le había consentido en exceso y es que, en realidad, todo lo que Arcadio hacía le provocaba risas. “El niño es extrovertido”; “ el niño es ruinito como el tío Pablo”: comentaba su madre acordándose de las travesuras de su hermano menor. De esta forma justificaba todas las “no” tan pueriles acciones de Arcadio.
Cuando a la edad de ocho años le cortó el rabo al gato de Doña Azucena, la vecina del quinto, su madre le recriminó encerrándolo en su cuarto todo el fin de semana aunque en el fondo ella también pensaba que aquella espantosa bola de pelo, gorda y amarillenta estaba mucho mejor sin el rabo. Todo era cuestión de gustos.
Que a los nueve años, en la comida familiar de Semana Santa, le clavara un bolígrafo en el muslo derecho a su primo Enriquito había sido algo un poco más grave. Pero como siempre lo cubría su mamá. Esta vez era evidente que se debía a la animadversión entre los dos pequeños retoños. Su castigo de encierro de fin de semana, ahora se convertiría en encierro de semana completa.
Con su hermana tampoco había sido demasiado benévolo. Desde inculparla en travesuras ocasionales hasta atemorizarla con sólo un par de palabras.
Fue una pena que Arcadio se hiciese un hombre dentro del reformatorio. ¡es un entorno tan hostil!, solía murmurar don Francisco.
En realidad el reformatorio no había conseguido calmar la rabia que le crecía por dentro sino que la había incrementado, llegando a límites que ni siquiera él había llegado a imaginarse.
El día que se lo llevaron de casa para instalarlo en aquel centro de aislamiento, Arcadio ni siquiera se inmutó. Salir de su entorno y de los brazos de su madre se le dibujaba maravilloso, como un sueño convertido en realidad. La casa le asfixiaba. El regazo materno se le atragantaba. Aquella hermanita perfecta y sensiblera, le irritaba. Y su padre, su patético padre, le exasperaba. Tanto amor, respeto mutuo y felicidad hogareña era algo que lo supera.

Diagnóstico clínico: Psicopatía grave.
Esto plasmaban los informes y tests psiquiátricos con los que habían estado analizando aquella cabecilla impúber algo defectuosa.

Su madre lloraba desconsolada mientras don Francisco, el sacerdote, le profería palabras de esperanza. Se llevaban a su niño y ella no podía detenerlos. Aquellas bestias inhumanas sujetaban a su pequeño como si fuera un criminal. Esos indeseables lo separaban de ella por largo tiempo.
Su padre, en cambio, bajo una triste expresión de desasosiego escondía la esperanza de que al niño le arreglaran esa parte de su interior que tanto le inquietaba y que, muchas veces, tanto temía. Su hijo cada vez cometía mayores locuras y apoyándose en la protección maternal, se había transformado en el mismísimo demonio. Frío, manipulador, malévolo. Unas veces dócil e infantil y otras perverso y brutal.
Su padre se preguntaba a diario por el motivo de aquella actitud tan violenta o de sus cambios constantes de carácter, su continua negatividad, o su mirada de total desequilibrado. Todo estaba fuera de cualquier explicación lógica.
Doce años habían tenido que transcurrir para que Arcadio diera rienda suelta a sus intenciones. Doce años de meditaciones en silencio, de acatamiento de estrictas reglas de comportamiento, de controlar en todo momento sus más bajos impulsos. Todo ello con un único fin. El mundo exterior le esperaba y nada iba a impedir que llevase a cabo sus objetivos. Si consistía en aparentar cordura, lo aparentaría. Si deseaban que fuese disciplinado, lo sería. Si debía ser cortés y educado, lo asumiría. Todo con tal de salir de allí y hacer justicia, a su manera.
En el reformatorio le habían pegado, humillado, insultado. También en alguna encerrona lo habían sodomizado. Y luego fue él quien violó, apaleó y vejó con mayor salvajismo que ningún otro. Así lo dijo a su confesor. No buscaba el perdón divino, como pensaba don Francisco, tan sólo era un medio ameno de recordar sus actos, recreándose en lo que había hecho.
El sacerdote intentó por todas las vías posibles inculcarle un camino a seguir. Iba cada domingo a visitarlo, convencido al igual que su madre, que aquella semilla algo podrida podía convertirse en un hermoso árbol. Lo intentó y fracasó.
La mañana del veintidós de marzo de mil novecientos setenta y uno Arcadio decía adiós a su prisión. Su encarcelamiento había concluido y sus propósitos acababan de ser liberados.
Su madre fue a recogerlo a la hora prevista y se encontró de pronto con una persona extraña, a la que ni siquiera ella era capaz de reconocer. Aunque le había visitado con asiduidad, la expresión de la cara de su niño era distinta. Su semblante y su mirada reflejaban rabia. Ella lloró de nuevo con la misma intensidad con que había llorado aquel día en que lo separaron de su lado. Él no parecía conmoverse, despegándose de su lado al instante de sentirla cerca. Ella notó su odio y pensó que la vuelta a casa serviría para mejorarlo, para sacar de él su lado más tierno, su parte más humana, sin saber que su hijo había borrado todo resquicio de "persona" hacía tiempo.
Esa misma noche los hechos se fueron sucediendo a una velocidad vertiginosa, como en un mal sueño.
Arcadio entró en la habitación de su hermana. Se le acercó, la miró un instante y justo en el momento en que ella notando su presencia abrió lentamente sus ojos, él la estranguló con sus propias manos mientras contemplaba como se iba apagando hasta dejarla sin vida. Luego la miró relajado, centrándose en sus ojos; en aquella pupila dilata; en la estúpida expresión de impresión mezcla de miedo e impotencia. Se la veía tan poca cosa; tan insignificante como la recordaba.
Con una frialdad que sólo la locura puede otorgar, entró en el dormitorio de sus padres. Se sentó durante unos minutos para ver aquellos dos cuerpos que en breve dormirían inertes. Acuchilló a su padre primero, ante los gritos de terror de la madre. Aullidos que silenció con un fuerte golpe en la sien utilizando la lámpara de la mesilla de noche. Pensó que había sido más fácil de lo esperado. En unos pocos minutos su magnífico plan había concluido. Brevemente pero con tanta intensidad que podría volverlo a repetir mil veces más. Con más saña quizás. Con mayor concentración en los pequeños detalles. Disfrutando mucho más de los olores, sonidos e imágenes. Bello recuerdo para su mente enferma. Delicioso y único momento, pensaba.

Los bomberos llegaron ocho minutos más tarde para poner freno a las llamas del siniestro, hallando los tres cuerpos calcinados en el interior de un mar de fuego y humo.
Arcadio, sentado en el portal de la vivienda se miraba las manos ensangrentadas en total quietud, con una leve sonrisa en su rostro mientras la policía le apresaba y leía sus derechos. No opondría resistencia. Ahora se sentía bien. Esta vez su madre no reiría ni justificaría sus bromitas infantiles; esta vez nadie iba a pensar que aquello era la sinrazón de un niño. Esta vez, Arcadio había perpetrado un cruento crimen sin motivo aparente. Nadie iba a querer entender en esta ocasión.

El “sin sentido” no tenía interpretación posible.

En la misa dominical, únicamente, don Francisco se apiadó de su alma pecadora: “un reformatorio no es lugar para un niño”.


FIN
MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ

lunes, junio 15




BODEGA GERIA

LA GERIA ES CULTIVOS DE PARRAS Y ÁRBOLES DE HIGUERAS. ES PICÓN NEGRO Y VIENTOS ALISIOS. LA GERIA ES ÚNICA. INIGUALABLE. INCLUSO EN SUS BODEGAS LA BELLEZA DEL ENTORNO ES MÁGICA.



DEL GOLFO AL CIELO

LA ZONA COSTERA DEL GOLFO, JUNTO A FORMACIONES VOLCÁNICAS COMO LOS HERVIDEROS, MUESTRA CRÁTERES Y ESTRUCTURAS DE LAVA NEGRA Y ROJA EN PERFECTA MIXTURA CON LOS BLANCOS Y AZULES DE SUS ENCALADAS VIVIENDAS, CERCANAS AL MAR.
PURA POESÍA.



LA VIUDA DEL MARINERO

EN EL PUEBLO DE FEMES LA SRA. MEDINA ME CONTÓ UNA HERMOSA HISTORIA DE AMOR. HABLÓ DE LA PESADUMBRE QUE SENTÍA POR LA PÉRDIDA DE SU MARIDO; UN MARINERO DE PLAYA BLANCA QUE, ENTRE EMBARQUE Y EMBARQUE, LE TRAÍA CONCHAS DE LAS ORILLAS QUE VISITABA COMO MUESTRA DE SU PASIÓN POR ELLA.
LA VIUDA DEL MARINERO SONREÍA MIENTRAS RELATABA SU VIDA MEDIANTE ANÉCDOTAS.



TIMANFAYA
ATARDECER EN LA ZONA DE LA GERIA CON VISTAS A LAS MONTAÑAS DEL FUEGO ES RESPIRAR HISTORIA DE LOS PUEBLOS SEPULTADOS POR LA LAVA; ESCUCHAR LAS VOCES DE SUS MORADORES; IMAGINAR VIDAS; REMEMORAR AMORES Y RECORDAR DESPEDIDAS. TIMANFAYA ES MÁS QUE UN PARQUE NACIONAL. ES LA IDIOSINCRACIA DEL PUEBLO LANZAROTEÑO.

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