martes, octubre 13

Lava















































Lanzarote y sus peculiaridades.
Cada rincón esconde un silencioso despertar.
En cada piedra volcánica se descubre vida.
Cada montículo empedrado muestra magia.
Cada gota de agua que se filtra en las entrañas de mi tierra hace vibrar el alma callada.
Lanzarote .... horas de sol y noches de rocío.
Lanzarote .... vientos perpetuos y polvo saharaui.
Lanzarote .... mareas cristalinas y jables dorados.
Mi tierra es eso y muchas cosas más.
Es única.
Es diferente.
Es vida sobre el volcán.
Pepa González

sábado, octubre 3

El enlace





Mañana será el día más importante de mi vida. Quince de noviembre. Una fecha elegida por los dos desde hace casi un año. En la mitad de nuestro mes. Noviembre. Lo conocí en noviembre. Un día fresco y gris, lleno de nubarrones acompañados de brisas ligeras y refrescantes. Adoro noviembre.
Después de esta noche, pasaré cada noche junto a él. Dentro de unas horas todos mis sueños se tornarán realidad.

Mª Adela Muñoz señora de Medina. ¡Qué bien suena!

Estoy nerviosa. Apenas pude conciliar el sueño. Tantos y tantos detalles que, en este momento, no sé exactamente en dónde dejé la cabeza. Papeles. Idas y venidas. Pruebas del traje color marfil que llevaré al altar. Los zapatos con adornos de perlas. La pinza para el pelo con cristales de zwarovski. La ropa interior de encaje. El liguero. La enagua larga. Medias de seda. El perfume.

Creo que está todo. Espero que lo esté.

Soy muy feliz. Desde que me pidió matrimonio, una tonta alegría me ronda creando una aureola a mi alrededor visible para todo el que me tropieza. A mis veintiocho pensé que me quedaba para vestir santos. Tiempo atrás me imaginaba rellenando horas con trabajo, libros y aficiones para así reemplazar la carencia de marido e hijos.
Hijos. Quiero tener muchos. Me encantan los niños. Espero tener varios varones y, por lo menos, una hembra. Estoy ansiosa por ser madre. Sólo imaginarlo me pongo eufórica.
Ahhh mañana! El gran día, el esperado. Voy a escribir mis votos matrimoniales. A ver…. algo así:

Como árbol vigoroso en plena primavera así será mi amor por ti
Como río de amplios cauces así será mi pasión por ti
Como cielo limpio y claro así será mi verdad por ti
Como estrellas perpetuas en el firmamento así será mi devoción por ti.

Ay! Creo que le gustará. Estoy segura. Él sabe que gracias a su presencia respiro y vivo. ¡Es tan grande nuestro amor!

Espero que Ángeles haya ido a la iglesia con las flores. Los adornos florales tienen que estar perfectos. Rosas blancas en perfecta combinación con la hiedra. Unas, junto al altar. Otras, a lo largo del pasillo principal. Donde los salientes de las columnas del fondo. También pétalos blancos en el recorrido.
El arroz. Qué no olvide mi hermano el arroz. Él siempre tan servicial y lindo. El benjamín de casa. Él y yo, como uña y carne. No se olvidará de los saquitos de arroz. No quiero pétalos de rosas que luego, si no son blancas, me mancharán el traje y eso sí que no. Mi traje vivirá, tras pasar por la tintorería, por siempre en su preciosa caja. Como si fuese una pieza de museo. Para el recuerdo. Para mi hija, si la tengo. Seguro que sí. La tendré. ¿Por qué no iba a tenerla?

El cóctel en casa de papá y el almuerzo en los jardines. Sé que estarán perfectos. Se encargará Francoise. Es imposible que salga algo fuera de lo planificado. Es el mejor organizador de eventos de la capital. A papá le ha salido un ojo de la cara pero… por su hija… lo que sea. ¡Tengo un padre que vale un Potosí!

Y por la iglesia. Como mandan los cánones. Ante el divino. Un sacramento para toda la vida. O por lo menos eso es lo que imagino que será mi boda con él. Para siempre.
¡Qué grande es mi amor por él y el suyo por mí! Será para el resto de nuestras vidas. Sin duda.

El peinado. Hoy tiene que venir Antonia. Me dijo que a eso de las once. Como se retrase no sé qué le digo. Todo menos… bonita. No quiero que por su culpa llegue a retrasarse la boda. ¡Por dios, qué nervios! Al final le pedí un recogido italiano. Mi pelo es ideal para ese recogido. Los adornos de cristal a los lados y algo de flequillo tipo Audrey Hepburn. Exquisita y sencilla a la vez. Un sueño.

Llevaré la pulsera de mi abuela. La de brillantes. Los anillos los traerá Alfonso, uno de los testigos. En oro con la inscripción SEMPER. Siempre; por siempre; entregados el uno al otro eternamente.
Así será esta unión. Imperecedera. Perenne.

Me pondré el velo. Quiero ver, otra vez, que tal me queda. El velo crea distinción. La abuela siempre me lo dijo. Además el mío es de hace más de cincuenta años. Elaborado con encaje de forma artesanal. Lo han llevado ya cuatro novias, contando conmigo. Es largo y cae por la espalda hasta la cola del vestido. Termina como en círculo sobre el suelo. Es una auténtica reliquia y como tal, un adorno único e irremplazable. Me encuentro realmente bella con él. Deslumbrante. Le va a encantar.

TOC-TOC-TOC.

La puerta suena de forma insistente. Una mano la abre girando el pomo y se adentra en la habitación. Primero un carro metálico. Luego unos zuecos blancos desgastados en su parte posterior. Una mujer, con rostro afable y mirada tierna, sonríe y se deja oír diciendo:

Pero Adelita, corazón mío….. ¿Otra vez la sábana sobre la cabeza? ¿Pero cuántas veces vas a repetir el ritual del velo?
Que noooooo. Hoy no te casas….. No es quince de noviembre…. Tampoco están esperándote ni va a venir la peluquera.
Pero reina mía, que van ya muchos años con esta traquina tuya. No hay párroco, ni flores, ni vestidos blancos.
Anda … anda… déjate de majaderías y tómate tus pastillitas que si no lo haces ya sabes como acabamos y, por lo que estoy viendo, otra vez hiciste el truquito ayer tarde.
Ay! Adelita. Mira que te empecinas con tus cositas. Venga Adelita. Pórtate bien. Tómate la roja y la blanca con el zumo de melocotón. Bien. Primero estas dos y ahora la otra, la de color naranja con lo que te queda del zumo. Además tienes a tu hermano esperándote abajo, donde el jardín. Ya sabes que está muy mayor.
Venga. Anda..…. Guapísima. Dame esa sábana que la coloco de nuevo.
Adelita, Adelita.
Mira que hacerlo otra vez. Ya perdí la cuenta contigo. Ya estás muy mayor para estos quehaceres.
¡Qué obsesión y qué berrinche con lo de la boda! Te habrás casado mil veces ya.
Ay… mi Adelina, corazón mío. Guapa.


Y la puerta se cierra de forma sigilosa, como para no amedrentar. Con calma. Como todo en aquel hospital psiquiátrico.

Sólo una voz en tono muy bajo, casi muda, se escucha en la habitación de Adela repitiendo una frase de forma constante:

“A esta chica no la quiero como dama de honor. No es bienvenida en mi boda. No señor. No la quiero.”


Mpepa.

martes, septiembre 22

Plegaria por Don Alfonso Machín, vecino de Uga



Por sus hijas, por su hijo Ramón, por sus nietos que tuvieron la suerte de tenerlo y agasajarlo, por todos los que le queríamos.



A MÁS VER, CABALLERO


Al fondo a mano izquierda. Donde los rosales altos de color blanco roto. En aquella puerta pintada de verde campo conejero. Junto a la ventana de visillos azulones. Allí. En aquel rincón con sombra fresca. En aquella esquina con el número cuatro.

Ese era el sitio de Don Alfonso. Su casa en los últimos tiempos. Su retiro sereno entre flores.

Don Alfonso. Ilustre en nombre. Caballeroso en porte. Fácil en verbo. Trato gentil. Amabilidad y gratitud a raudales.

Don Alfonso. El vecino galante. El hombre llano, correcto, culto. El repostero que, de cuando en cuando, nos regalaba sus deliciosos dulces: mimos, mantecados, bollos de anís.

El hombre de campo que cuidaba con esmero sus tomates, sus cebollas, sus parras. El octogenario con espíritu jovial. El narrador incansable de épocas menos violentas, más respetuosas. El cariñoso viejito que escuchaba coplas y boleros cada sábado amenizando el callado silencio de un pueblo ahora afligido.

Don Alfonso. El chófer. El conductor de guaguas de toda la vida. El trabajador incansable. El hombre bueno que adoraba a su compañera María, a la que despidió con melancolía.


¡Ojalá me vaya pronto con ella! - me dijo en una ocasión. ¡Ojalá que no sea muy tarde!

Y así quiso Dios que fuera.

Don Alfonso Machín. Descansó un día domingo, como los hombres sabios. Decidió que el séptimo día era el más propicio para claudicar ante su dolencia. Se deslizó suavemente hasta llegar al otro lado de la puerta grande, reencontrándose al fin con la mujer que le acompañó toda su vida. Con su María.


Adiós. Hasta luego. Hasta la vista. Con Dios. A más ver Don Alfonso Machín. A más ver.....


Pepa González

domingo, septiembre 13

Las cosas de Alonso



Ayer tuvimos tragedia turca en Uga City.
Día triste y aciago para mi vástago por el fugaz fallecimiento de su pescadito Nemo2. Un pequeño animalito acuático, diminuto, de unos dos centímetros de longitud y coloración ambarina, que llegó a casa tras varios días de insistencia de mi chiquillo para que Nemo1, su primer pez ganado en una feria e inicialmente bautizado CASADEMIKYKAUS, tuviese un compañero de correrías.

El insignificante pescadito amarillento quedó flotando sobre el agua verdiazul de la pecera a la semana de afiliarse a nuestra microfamilia, dando signos evidentes de expiración por lo que mi hijo quiso prepararle el debido funeral a modo de despedida. Un adiós entre lágrimas y plegarias al altísimo para que lo resucitara o, en su defecto, tuviera a bien enviarnos otro de igual apariencia.
Y ¿cómo quitarle al enano de la cabeza que el bicho no aterrizó del cielo y sí de la abarrotada, apestosa y laberíntica tienda de animalitos de compañía, en donde me agencié aquel escuálido “pet”, quiero decir, AL POBRECITO NEMO2?

Pues eso, que mi hijo dejó caer aguaceros entre gemidos, sollozos y lamentos invadido por la angustia. Y la madre “moi”, tras entregarle palabras de consuelo y alguna que otra reflexión aclaratoria del origen de las bienvenidas y las despedidas con la sana intención de salir del atolladero terminó, muy a mi pesar, prometiendo nuevos Nemos2 más fuertes, valientes, grandes y de aletas veloces, dejando al menor contento y libre de intranquilidades.

Pero lo interesante vino a posteriori. Quedando ya relajado el infeliz Alonso y metido de lleno en otros asuntos, es decir: pintar la mesa de estudios dibujando intentos de nubes y soles de diferentes tallas (recuerden que aún no cumplió los cuatro), comenta en voz alta:

¡Me da pena que paye no venga! (paye, mi padre, su abuelo, Manolo González el Belga, nuestro paye)
¡A mí también me da pena cariño! – le contesto con tristeza.
Sigue Alonso en su meditación: ¡Paye está en el cielo! - afirma seguro
Sí lindo mío, está en el cielo con las estrellas - Le corroboro.

Pausa; silencio absoluto y otra cavilación que fluye:

¡Nooooo mamaaaaaá! ¡Paye está en Fuete-vetura-lavieja!
Fuete-vetura-lavieja ¿??? ¿Y eso dónde es, lindo? - le pregunto algo curiosa.
Al lado de Fuete-vetura-lanueva, mamá. Fuete-vetura-lavieja es donde está más gente viejita y ya no vuelven más a Fariones. Fuete-vetura-lavieja está cerca de Fuete-vetura-lanueva…. Donde están los animalitos y las jirafas (ahora habla mi Lonchito del Oasis Park en el Sur de la isla vecina, su olimpo particular).
Ahhhhhhhhhh! - le contesto yo, entre carcajadas y penita por el recuerdo de paye.

Fuete-vetura-lavieja, es decir, la isla de grandes extensiones de playas de arenas blancas y cristalinas aguas. El remanso de paz soñado como máximo exponente del descanso seguro y a ojos de mi pequeño Alonso, el Edén ideal para que su abuelo descanse entre “gente viejita”. El único lugar en donde puede visualizar a su abuelo plenamente feliz; tan contento que ya no querría volver jamás a su casa. Tan encantado de haber dado el salto a la otra orilla que tendríamos que seguir viviendo con su ausencia.

¡Fuete-vetura-lavieja , al lado de Fuete-vetura-lanueva!

Y en ese momento me doy cuenta de la falta que paye le sigue haciendo al niño, a mí. De lo mucho que asimila y retiene el enano cuando uno enuncia afirmaciones, como suele hacer la madre cuando habla del sueño de trasladarse algún día a la isla vecina para vivir un año de pausa. De la facilidad con que el niño hace síntesis de ideas y enlazando comentarios identifica el lugar en donde su madre es feliz con el mejor sitio de descanso para el patriarca, ubicándolo junto a otros añejos en conversación distendida y diciendo nones al regreso.

¡Ay sus ay! – como diría paye a modo de suspiro léxico sacado de su enorme repertorio de expresiones canarias.

Y todo a resultas del paso a mejor vida de Nemo2. Rest in peace, little fish.
Pepa González

jueves, agosto 27

Vivir en verde

De entre todos los colores siempre he preferido el verde.
En cualquiera de sus tonalidades, gamas o matices y con preferencia de los brillantes.
El verde de la naturaleza; el verde de un fruto mojado, el verde de un insecto o reptil; el verde de trigales en crecimiento; el verde de un charco en el mar; el verde de un manto de aceitunas; el verde de unos ojos de gato; el verde de la esperanza.
Y tengo que agradecer que el color verde me rodee a diario. Desde los ventanales de mi despacho que proyectan una magnífica puesta en verde, hacia helechos de enormes dimensiones, hasta la panorámica desde mi dormitorio que refleja la elegancia de flamboyanes verdes en plena floración.
El verde y sus múltiples poderes curativos: fortaleza, equilibrio físico y psíquico, calmante para la mente y tónico para los nervios.
En presencia de un paisaje en verde se tiene sensación de serenidad, de paz, de sosiego.
Saludables dietas verdes que incrementan las defensas y dan vigor a las pieles; tés verdes para rejuvenecer epidermis; jade verde para atraer la fertilidad y la abundancia; la piedra esmeralda que nivela emociones; el color verde del medioambiente y el reciclado ecológico; el verde de una hoja de trébol símbolo de la verde Irlanda y sus impresionantes y generosos prados; verdes acantilados con sonidos de gaitas en la zona Astur; magníficas y verdes plantaciones de arrozales en islas asiáticas; portentosos verdes bosques con vientos de galopes de cowboys; atractivas y verdes selvas a los pies del amazonas; la zona austral y sus verdes praderas que alimentan ganados; verdes orillas a pie de cataratas en el corazón del África negra; verdes y altas hierbas en los lagos que inundan la verde Europa imperial.
El verde de la vida y del futuro prometedor.
Y yo, inmersa en un baño de este sublime y bello color y todos sus extraordinarios beneficios, medito sobre la posibilidad de ser todos algo más verdes: ver más la vida en esta tonalidad, vivir conforme al espíritu que proclama, sentir y respirar según sus pautas, entregarnos a una existencia llena de este sorprendente color
para SER en vez de PRETENDER, para LOGRAR en vez de PERSEGUIR, para realmente ESTAR en vez de APARECER.
Definitivamente
Que viva el verde / que visqui el verd / maireachtála glas /yeşil yaşam / vida verde /groen lewe / de viaţă verde.
Pepa González

miércoles, julio 15

Me gusta que el tiempo pase.


Llego con puntualidad prusiana. Saludo cortésmente a los de mi entorno. Busco algo para leer porque una vez más olvidé el libro que destripo últimamente en mi coche. Echo un vistazo al horripilante revistero de mimbre, lacado en blanco, que tengo junto a los pies. Me decido por el magazine con el formato más apetecible, mientras espero el turno de entrada en la consulta de mi dentista. Una publicidad, estratégicamente estructurada para dañar, se lanza a propulsión hacia mi retina para luego andar por entre los pasillos de mi cabeza y torturarme durante al menos un brevísimo instante.

Contra el envejecimiento de las manos…. bla bla bla…. la nueva loción con extractos de…. bla bla bla………….evitando así el paso del tiempo……bla.

Unas manos que reflejan el fabuloso resultado del producto en cuestión, entre retoque fotográfico y falanges de quinceañera que con su juventud impúber trasmite una tersura brillante, provoca la mirada bobalicona de cualquier cuarentona desconsolada, o sea yo misma.
Me percato entonces de que han pasado del machaque psicológico con la temática reiterativa de “evita que los años pasen” o “pierde peso” o tal vez mantente siempre en la veintena”, a la coronación de la majadería, simpleza y mentecatez: intentar impedir que nuestras manos difundan la edad que el calendario nos otorga.


Miles de cremas anti edad, cientos de tratamientos para aislar y distanciar lo inevitable. Múltiples compuestos químicos, mixturas de todas las tonalidades y texturas, emulsiones de fragancias varias para: imposibilitar que la verdad aflore.

¡Qué ilógico y qué estúpido resulta si se analiza fríamente!

Envejecer es, desde cualquier punto de vista posible y sobre todo desde el más puro sentido común, haber tenido el privilegio de disfrutar la vida.

Hacernos mayores es sentir y palpar la esencia, la savia de nuestra existencia.

Alcanzar canas es haber tenido la ventaja de conocer, de reconocer y de aprender de lo vivido.

Dibujar arrugas en nuestros rostros y cicatrices en nuestras almas es prueba evidente de haber respirado, alguna vez, profundamente.

Cada muestra de flacidez en nuestro cuerpo, cada redondez en nuestra silueta, cada pliegue, cada marca y cada nueva sombra en la epidermis, es consecuencia de “haber estado vivo”.

Me niego a ponerle obstáculos a lo natural. Me rebelo ante todo lo que constituya el engaño al espíritu. Me opongo, me sublevo y protesto ante los que buscan imponer como máxima el reflejo de una juventud eterna. En definitiva, ante los que quieran prohibir el ser uno mismo.
Vivan los años; los signos del tempo; las historias propias; los recuerdos en la piel. Y no pido sino que reivindico, a quienes intentan borrar mi leyenda epitelial, que me dejen ver pasar los años incluso a costa de parecer añeja.


Mpepa

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